Rosa del Carmen M. Saiz Uribe: [El misterio de Hidros]: Cuento

1er. Premio Cuento: Certamen Literario Facultad de Humanidades

Era el año 2703 cuando la humanidad se concentraba solo en una parte del mundo, aquella en donde todavía quedaba escondida la última reserva de agua del planeta Tierra. Esta región había sobrevivido a las grandes guerras mundiales, plagas y enfermedades, así como a la extinción de muchos ecosistemas y a la contaminación ambiental. Todo comenzó luego del año 2114, cuando la humanidad parecía haber llegado a su fin: un grupo de sobrevivientes de apenas 5,534 personas logró establecerse en una región que hoy conocemos como Acuaria, nombrada así ya que era la única región con agua en el mundo. Parte de la humanidad se había ido de la Tierra para vivir en Marte pero muchos murieron de camino al planeta rojo debido a que no estaban preparados físicamente para semejante viaje por el espacio. De los que finalmente se establecieron en Marte, se sabe muy poco, solo sabemos que siguen vivos por las señales de ondas radiales que nos envían, que su población total es de aproximadamente 10 mil habitantes, que viven cerca del polo norte marciano y que han logrado hacerse inmunes a los efectos tóxicos de ingerir agua con dióxido de carbono, la cual les resulta difícil conseguir en época de invierno. Algunos dicen que en realidad se sabe más de Marte de lo que nos dejan saber…

Era la primera vez que estaría lejos de mi hogar y era la primera entre mi hermano y yo en ir a Hidros, la ciudad más grande y más avanzada de toda la región de Acuaria. Contaba con aproximadamente 200 mil habitantes. No solo era tradición, sino ley que a los 12 años cada uno de nosotros debía dejar su ciudad natal para ir a estudiar en el centro de Acuaria. Mis padres estaban tristes y yo también pero ellos sabían que estaría bien. Llegada la hora de la despedida, mi padre fue bastante parco y solo me dijo lo siguiente: “Las mujeres y los hombres somos distintos y pensamos distinto a pesar de que se nos enseña de la misma forma. Las mujeres tienden a dejarse llevar por los sentimientos y eso te puede traer problemas. Si entras a la escuela de Arte, procura no darle rienda suelta a tus sentimientos, debes escuchar siempre a la razón y no al corazón. Solo así podrás sobrepasar las tinieblas de la confusión”. Yo asentí con la cabeza sin entender mucho lo que él quiso decirme e inmediatamente mi padre me dio un gran abrazo y un beso en la frente, mi madre lloraba pero me dijo que estaría bien, que recordara sus palabras, así que le di un gran abrazo con un mar de lágrimas en mis ojos y pude olerla por última vez. Ella me dio una mirada de complicidad y yo asentí con la cabeza.

Escoltada por los guardianes y guardianas de las escuelas de Hidros, me uní al grupo de niñas encaminadas al mismo destino que el mío, o al menos eso creía yo en aquel momento. El camino a Hidros nos tomó dos días y medio a pie y hacíamos paradas de corta duración. Algunas de las niñas no podían dejar de llorar pero cuando llegamos, por un momento olvidamos a nuestras familias al contemplar la ciudad. Lo primero que captó nuestra atención fueron las numerosas e inmensas torres de las escuelas de Artes y Ciencias. Parecía que se movían por su diferencia en altura y por sus techos en forma de espiral ascendente, creando un tipo de cúpula. Luego, nuestras miradas fueron indagando aquella extraña e impresionante ciudad cuando nos dieron un recorrido por algunas de las calles. Cada casa estaba encalada y en sus tejados había celdas que absorbían la luz del sol para transformarla en energía eléctrica. Además de esto, cada tejado disponía de un sistema de recogido de agua de lluvia para luego purificarla y ser consumida. Todo en la ciudad parecía impecable y tal organización jamás había visto en mi vida. Pocas personas purificaban el agua en sus propias casas, pero aquellos que carecían del sistema de purificación, llevaban el agua que recogían a una comuna en donde la destilaban rigurosamente y desintoxicaban en caso de que contuviese algún agente tóxico. Luego la purificaban aún más sometiéndola a radiación ultravioleta para matar las bacterias que pudiese tener. A cambio de esto, las personas que llevaba su agua a purificar, debían dejar un 12% del agua que llevaban, con el propósito de venderla en las afueras de la ciudad. Eran muchos los que llevaban el agua a purificar en la comuna, de hecho la mayoría de la población. Como la cantidad de agua que cada persona dejaba era poca en comparación con la que llevaban originalmente, y la gente estaba de acuerdo con este sistema, no muchos invertían en el sistema de purificación de agua en sus propias casas. Luego de enseñarnos un poco de las costumbres del sitio, nos dirigieron a las escuelas. Las torres de cada una, eran lo único colorido que podía observarse desde la entrada de la ciudad, predominando las tonalidades anaranjadas en las de la escuela de Artes y las tonalidades púrpuras en las de la escuela de Ciencias, pues era el recinto del conocimiento en donde reinaba la creatividad y la imaginación, la sabiduría y el ingenio para desarrollar las humanidades de la Ciencia y el Arte, siendo la ciudad un reflejo de lo que se enseñaba en las escuelas. Las cúpulas en forma de espiral ascendente de las torres, recordaban a los habitantes que el conocimiento asciende hasta el infinito y que es menos lo que se sabe que lo que falta por conocer. También les hacía recordar la conexión con los otros seres humanos que vivían más allá de la cúpula celeste, es decir, los que decidieron establecerse en Marte.

Siendo la ciudad fundadora, Hidros es el centro de estudios de toda la comarca, basando sus enseñanzas en estas dos grandes áreas del conocimiento: la Ciencia y el Arte. La ciudad completa gira en torno a las escuelas. Hay alumnos que sólo se especializan en Arte, otros en Ciencia y algunos en ambas. Con cierto temor y asombro a la vez, entramos al gran aula del conocimiento. Nos dirigimos al recinto amurallado en donde se suponía viviríamos durante 11 años de nuestra vida. A nuestro encuentro salieron los directores de ambas escuelas en el atrio principal en donde había una fuente sin agua y desde donde podía observarse un puente uniendo ambas escuelas. También se encontraba un grupo de niños de nuestra misma edad y al igual que nosotras, habían venido desde sus ciudades natales para iniciar la vida de estudios especializados en Hidros. Ambos directores nos dieron la bienvenida y nos explicaron las reglas del lugar. Una de las reglas, la más importante de todas, era que no podíamos tener ningún tipo de contacto físico con los niños y cuando únicamente podíamos hablar con ellos era en horarios de clases dentro de las salas de enseñanzas. Nos dijeron también que cuando cumpliésemos 14 años, debíamos empezar a entrenar nuestro cuerpo 8 horas a la semana. “¿Por qué no debemos acercarnos muchos a los niños y por qué debemos empezar a ejercitar nuestro cuerpo a los 14?”, interrumpí yo a la directora de la escuela de Arte, ella me respondió: “Porque así ha de ser señorita, no queremos que la humanidad se eche a perder de nuevo, ¿o acaso no ha oído usted del derrumbe de la humanidad que ocurrió hace unos siglos atrás?”. Yo asentí con la cabeza y ella me increpó un “Pues por eso hay que seguir las normas de este lugar, no queremos colapsar de nuevo”. Sentí que mis mejillas ardían pero no de coraje sino de vergüenza.

Luego de explicarnos las reglas, trajeron un cuadro enorme que plasmaba varias imágenes del ser humano: personas llorando, personas bebiendo agua de unos recipientes plásticos que tenían distintos nombres, personas pensativas tomando un baño, niños y adolescentes jugando con el agua, personas dentro del agua de mar y del agua de río también. Jamás hubiese imaginado que en el pasado las personas pudieran divertirse tanto con el agua, ¿cómo era posible que no pudiesen entender su verdadero valor como para jugar con ella? Desde ese momento me interesé por saber más sobre las costumbre de la humanidad pasada, su visión respecto al agua y cómo la concebían. Me quedé absorta en esos pensamientos hasta que reaccioné cuando vi que trajeron un instrumento raro, tenía muchas cuerdas y era del tamaño de una persona, lo llamaban arpa y solía decirse que curaba los males del alma. También trajeron otro instrumento musical llamado palo de lluvia que simulaba el sonido de la lluvia. Éste era un instrumento sagrado, pues sólo se utilizaba para las fiestas solemnes en donde se invocaba al agua antes de empezar la época húmeda. El origen de esta tradición se remonta a muchos siglos atrás, a la época de los llamados aborígenes. Pero eso no fue todo, también nos recitaron un poema sobre la lluvia y nos permitieron decir qué pensábamos del mismo. Luego, trajeron 3 cilindros los cuales podíamos usar para ver cosas a distancias lejanas, llamados telescopios. Se nos dijo que con el uso de ellos podríamos ver a Marte. Poco a poco fueron trayendo más y más instrumentos raros. Uno que me pareció interesante fue aquel que se utilizaba para el proceso de destilación del agua. También trajeron unos tubos de vidrio llenos de líquidos de varios colores que cuando se mezclaban reaccionaban entre sí, provocando que de ellos saliera vapor de agua. Trajeron además unas plantas raras cuyas hojas eran especializadas para sobrevivir en climas extremos, especialmente aquellos en donde había mayor abundancia de dióxido de carbono. Yo me quedé pensando en esto pues no podía imaginar que en la Tierra existiesen lugares con poco o nada de oxígeno y abundante CO2. Empero, eso no fue lo más que me impresionó sino lo que nos mostraron después: una inmensa fotografía del planeta rojo. Nos dijeron que Marte era un planeta parecido al nuestro pero que la vida allá era muy difícil, sin embargo, nos recordaron que algunos humanos habían logrado sobrevivir a las condiciones del planeta hermano. Había escuchado tantas historias sobre Marte y los humanos que allí se establecieron que por eso me impresionó mucho la fotografía. Una de las cosas que se decía era que los que vivían en el planeta rojo solo podían respirar CO2 y que eran más parecidos a una planta que a un animal; que comían óxido de hierro y que podían encontrar agua subterránea de manera rápida y por eso les llamaban “los acuaradares”. Me intrigaba tanto saber sobre la vida de ellos que todo parecía una leyenda y capturaba mi imaginación.

Finalizadas las demostraciones, nos dijeron que escogiéramos las 4 que más nos habían gustado. Hubo quienes solamente escogieron todas las relacionadas al Arte y hubo quienes solo escogieron demostraciones relacionadas a la Ciencia. Yo no sabía cuáles elegir pues me gustaban todas. De repente me di cuenta que solo esperaban por mi decisión. Entonces me decidí por el arpa, el poema, el instrumento de destilación, pero estaba indecisa entre el gran cuadro que plasmaba distintas estampas de la humanidad disfrutando del agua y la foto imponente de Marte. Finalmente terminé escogiendo el cuadro pero expresé que me hubiese gustado escoger ambas.

“¿Cómo te llamas?”, preguntó la directora de la escuela de Artes, “Ágata”, respondí. “Ven conmigo”, me dijo, y yo la seguí mientras los demás niños y niñas eran escoltados a sus respectivas escuelas. También nos acompañó el director de la escuela de Ciencias. Me llevaron a una gran sala en donde solían reunirse los directores y algunos profesores para discutir asuntos comunes de ambas escuelas. “Verás Ágata, tanto la escuela de Ciencias como la de Artes, trabajan independientes una de la otra, convergiendo solo en ocasiones especiales o en casos que lo ameritan. Sin embargo, debo ser sincera contigo y dejarte saber que no has sido la primera alumna que escoge dos elementos artísticos y dos elementos científicos. A pesar de que el cuadro se les mostró durante la sesión de las artes por su humanismo y su belleza artística, también es cierto que guarda elementos científicos empezando por la vida humana y todo lo que abarca la Biología, así como el compuesto de la vida: el agua. Todo se relaciona entre sí. Estudiar al ser humano, estudiarnos a nosotros mismos, no solo implica estudiar el humanismo, lo metafísico o lo espiritual sino también lo medible, lo tangible y lo no necesariamente tangible, lo que podemos probar por medio de experimentos. Es por eso que Hidros se especializa en estas dos grandes áreas del conocimiento, porque de ellas depende que la raza humana mejore y no cometa los mismos errores del pasado. Si está en tu ser la inclinación hacia ambas áreas del conocimiento, no se te puede obligar a pertenecer a una o a la otra. Es tu decisión escoger una de las dos, mas si decidieras pertenecer a ambas escuelas, tu instrucción tomaría más de 11 años, probablemente estarías aquí 20 años de tu vida. Muchos alumnos que una vez fueron como tú, comenzaron en ambas escuelas pero no duraron los 20 años sino que completaron los 11 en una de ellas y unos pocos años en la otra. Sin embargo también es cierto que muchos lo han logrado, empezando por las dos personas que tienes frente a ti”. Hubo un momento de silencio y me quedé pensando que si tomaba esa decisión no volvería a ver a mi familia durante mucho tiempo, pero también quería quedarme allí y explorar ese nuevo mundo desconocido para mí. Sentía miedo pero a la vez me sentía tentada de permanecer por mucho tiempo en las escuelas y aprender lo más que pudiera.  Justo en ese instante el director de la escuela de Ciencias dijo: “Muchas veces las mejores decisiones se toman con el corazón en la mano pero haciéndole caso a la razón”; eso me hizo recordar las palabras de mi padre. Entonces, miré a ambos directores y les dije: “Quiero pertenecer a ambas escuelas, cueste lo que cueste”. “Bueno, te espera un camino arduo, jovencita, pero si así lo has decidido pues que así sea”, dijo la directora, “¿Por cuál escuela te gustaría empezar?”, me preguntó ella, “por la de Artes”, respondí. “Entonces sígueme”, dijo la directora.

Una vez llegué a la escuela de Artes, me encontré con varias de las niñas que vinieron conmigo de camino a Hidros. “Veo que finalmente te decidiste por el Arte, ¡me alegra mucho!”, dijo una, “Pero ¿por qué escogiste dos elementos científicos entonces?”, dijo otra. “He decidido estudiar en ambas escuelas”, dije. “¿Eso es posible?”, preguntó una de las lloronas, “Lo es, pero debo permanecer aquí 20 años en vez de 11”, respondí. “¡¿QUÉ DICES?!”, dijeron varias a coro. Yo asentí con la cabeza y de inmediato empezaron a comentar mi decisión justo en frente de mí. Me escabullí sin que se dieran cuenta y decidí explorar la escuela hasta que llegué a donde quería: el puente que unía ambas escuelas. Sin embargo no pude cruzarlo porque los guardianes no me dejaron. Mi madre no había mencionado nada acerca de que los guardianes custodiaban el puente, así que me extrañó un poco. Éstos me dijeron que el puente solo lo podían cruzar ellos, los directores, los profesores o alumnos que hubiesen terminado de estudiar en una de las escuelas y comenzado a estudiar en la otra. Muy decepcionada, tuve que irme pero me juré a mí misma que cruzaría ese puente lo más pronto posible.

Como la demostración de poesía me gustó mucho, decidí comenzar a tomar clases de poesía y otros géneros literarios, alternándolos con cursos de música y dibujo. Cuando comencé mi tercer año ya había cumplido los 14 años de edad, por lo que parte de mi tiempo, tuve que dedicarlo al ejercicio físico. Una vez pude acostumbrarme a esta rutina, quise tomar clases sobre Historia de la Literatura Antigua y cómo era percibido este Arte por algunos pensadores antiguos, de esta manera pude saber lo que ya había sido escrito y cómo se pensaba de lo escrito en el pasado. Entonces incorporé algunas de esas ideas de antaño a las mías pero también quise expresar las propias en mis escritos. Mi madre me había dicho que tuviese cuidado con esto último ya que si mis ideas eran muy radicales, podría costarme la expulsión de la escuela. Hasta ese momento siempre tenía presente las palabras de mi padre: “escuchar siempre a la razón y no al corazón”, pero pronto empecé a necesitar de las palabras de mi madre y ya no pasaba todo el tiempo encerrada en los estudios sino que aprovechaba el tiempo que se nos otorgaba para las fiestas de confraternización con los demás alumnos, o las excursiones grupales a las afueras de la ciudad  para observar en detalle tanto la escuela como los alrededores de ésta. Aun haciendo estas salidas, estaba más adelantada en mis estudios que el resto de mis compañeras por lo que finalizando mi cuarto año en la escuela de Artes había hecho lo que se hace normalmente en seis años. Fue entonces cuando comenzando mi quinto año y teniendo yo 16 años de edad, me citaron en la gran sala en donde los directores de las escuelas habían hablado conmigo hacía 4 años…

“Sabemos que has completado tan solo en 4 años lo que normalmente se logra en 6 y eso nos ha sorprendido mucho Ágata”, dijo el director de la escuela de Ciencias. “Con los conocimientos que has adquirido hasta ahora, ha llegado el momento de que sepas algunas cosas sobre las escuelas, sobre la ciudad de Hidros y sobre Acuaria en general”, dijo el director. Entonces entraron algunos de los guardianes de las escuelas, deduje que eran guardianes por su indumentaria similar a la de los guardianes de la escuela pero a éstos nunca los había visto. “Estos son los guardianes mayores, no solo de las escuelas sino de Hidros y también de Acuaria entera. Tanto guardianes y guardianas mayores se encargan de mantener el balance fuera de las escuelas y evitar el caos. Al igual que tú, que tus profesores y que nosotros, ellos una vez fueron estudiantes de estas escuelas y se formaron en ambas disciplinas del conocimiento. Ellos han visto cómo te has esforzado en tus estudios y también cómo has seguido un entrenamiento riguroso de tu cuerpo, has sido una alumna con mucha disciplina por lo que ellos te recomiendan ante nosotros para llevar a cabo una misión más allá de las fronteras de Acuaria”, mientras el director de la escuela de Ciencia decía todo esto, mi cerebro se apagó por un instante y dejé de escuchar, a la vez que un escalofrío recorría toda la espalda cuando vi que cada guardián prendía de su cuello la gota mística: un collar que llegaba hasta el pecho, constituido por una cadena de plata de la cual colgaba una piedra azulada  idéntica a la que me dio mi madre el día en que partí de mi hogar, la aguamarina. “¿Te gustaría ser partícipe de esta misión?”, preguntó el director. Yo no sabía qué responder pues solamente podía recordar las últimas palabras de mi madre aquel día en que dejé mi hogar: “Esta piedra te protegerá de la tempestad. Llévala contigo siempre. Hubo un tiempo en que yo solía llevar esta piedra en mi pecho cuando estuve en Hidros y en otros lugares más…no puedes contarle a nadie sobre esto, será un secreto entre nosotras, ¿está bien?”, y yo asentí a las palabras de mi madre, luego ella siguió contándome anécdotas de su vida en Hidros pero nunca mencionó que había sido guardiana…

“¿Ágata?”, llamó el director de la escuela de Ciencias, “¿Te encuentras bien? ¿Qué dices? ¿Aceptas esta misión?”,  “¿Cuál misión?”, pregunté yo. El director rió y dijo: “Veo que te ha impactado esta noticia, bueno ¿aceptas ir a Marte con los guardianes mayores?”, entonces con una nostalgia inmensa de haber recordado a mi madre y con la alegría de haber sido escogida dije: “Sí, acepto ir a la misión”. “Entonces prepárate para la guerra”, dijo el director de la escuela de Ciencias. Yo empecé a titubear y dije “¿¡GUERRA?!”, el director rió y me dijo: “Es solo algo figurativo niña, ¿acaso no sabes de dónde proviene el nombre del planeta rojo? Bueno, con este viaje empezarás a familiarizarte con la Ciencia así que estate atenta a todo y aprende lo mejor que puedas”. “Marte…”, pensé, y me pregunté en qué momento dejé de ser una niña. Fue así como rebasé las fronteras del conocimiento, algo que trajo consigo consecuencias dolorosas…

Luego de un largo viaje a pie, llegamos a mi ciudad natal, la cual no esperaba ver tan pronto. Mi familia no podía creerlo y la alegría nos embargaba, pero la tristeza también formó parte de nuestras emociones pues mi madre había muerto hacía dos años y yo partía dentro de poco al planeta rojo. Aproveché el tiempo con mi familia lo más que pude, me preguntaron sobre la vida en Hidros y todo lo relacionado a las escuelas. Mi padre estaba absorto pero me dijo que se sentía muy orgulloso de mí. Mi hermano menor estaba entusiasmadísimo por lo que le había contado y estaba ansioso por llegar a Hidros el próximo año. Después de pasar dos días en mi casa, llegó el momento de partir. Como el día en que dejé mi hogar para ir a Hidros, mi padre se despidió de igual forma que la vez anterior y me dijo: “Tu madre estaría orgullosa de ti”, yo sonreí, tomé sus manos luego las solté, me di la vuelta y partí con los guardianes.

Luego de caminar aproximadamente 4 horas más, por fin llegamos a las fronteras de Acuaria. Allí nos esperaba una nave que salía para Marte y no regresaría a la Tierra en un año y medio.

La sensación de gravedad cero, el poco alimento que ingerimos y tanta oscuridad afuera me preocupaban bastante, pues temía que fuera a suceder algo malo en el camino. Luego de 4 meses en el espacio, llegamos a Marte. Descendimos en una región cerca del polo norte en donde unos robots nos recibieron.  La atmósfera no era del todo respirable. Por tanto, los humanos que allí habitaban, vivían en una especie de cápsulas a prueba de escapes o entradas de gases, además de ser resistentes a la oxidación y a la corrosión. ¿Cómo lo hicieron?, no estoy muy segura pero sé que desde Hidros, se comunican con ellos para intercambiar conocimiento. Cuando nos encontramos con los primeros humanos, éstos no tenían el aspecto igual que nosotros: sus cuerpos eran más delgados, su nariz más pequeña y sus ojos un poco más grandes que los de nosotros. Los guardianes luego me dijeron que ya los humanos de ese lugar habían mutado y poco a poco estaban convirtiéndose en otra especie. Sin embargo, conservaban el idioma y algunas costumbres terrestres. Al día siguiente de nuestra llegada, aprenderíamos cómo extraer  agua de un gran bloque congelado de tierra y agua con dióxido de carbono.  Esta era una de las técnicas más difíciles de obtener el agua ya que el proceso se dificultaba por las bajas temperaturas del lugar, pues era época de invierno en Marte. Nos dirigimos para la cápsula de investigación científica la cual era enorme y allí metieron el bloque de hielo y tierra. Antes de empezar a descongelarlo, todos los humanos de Marte se colocaron alrededor del bloque y empezaron a hacer como un tipo de oración o rito al hielo, como pidiéndole permiso para poder usarlo. Yo me sorprendí muchísimo pues a pesar de que los humanos venerábamos el agua, en Marte lo hacían aún más, y le conferían ciertas características divinas. Una vez terminaron esto, comenzaron el proceso de descongelamiento para luego purificar el agua de manera similar a como lo hacen en Hidros.

Pasaron nueve meses y durante todo ese tiempo pude aprender técnicas de descongelamiento a gran escala, separación del CO2 del agua, construcción de cápsulas impermeables y otras permeables así como distintos métodos para poder minimizar la pérdida de agua y maximizar su rendimiento, pero me especialicé sobre todo en poder obtener agua subterránea sin alterar mucho el curso de ésta y sin contaminarla. Me hubiese gustado quedarme más tiempo en Marte pues no solo quería saber más sobre técnicas y métodos para la obtención y purificación de agua sino también para aprender más sobre la cultura del agua en Marte mas ya era el momento de regresar a la Tierra.

Contenta de haber aprendido y agradecida con los humanos de Marte, ansiaba llegar a Hidros para contarles a todos lo que allí viví; quería que todos supieran lo que esas personas hacen para conservar el agua. Cuando los guardianes vieron mi emoción y escucharon lo que me disponía a hacer, todos tomaron un aire de seriedad y me dijeron que lo que allí había visto y aprendido, sólo podría comentarlo con los directores de las escuelas, de lo contrario me costaría la vida y la de mi familia también si alguien más se enteraba. “Es una broma, ¿cierto?”, reí yo, pero no lo era y me quedé sin palabras. Un terror y una ira inmensa se apoderaron de mí. Cuatro meses eternos de regreso a la Tierra, cuatro meses de encierro en mí misma sin lograr entender por qué no podía hablar sobre aquello. ¿Acaso un método de control o de represión? No podía creerlo y no cabía en mi mente que los directores de las escuelas se prestaran para eso. Yo no podía permitirlo pero tampoco sabía qué hacer.

Entonces llegamos a la Tierra…pero tomamos otra ruta para llegar a Hidros, por lo que no pasamos por mi ciudad natal. Esta vez fuimos por mar. Nunca había navegado y tampoco había estado tan cerca del mar como en ese momento. Los guardianes parecían seguros de que yo había entendido el mensaje pero por precaución decidieron hacer el viaje por mar. Mi plan era escapar de los guardianes una vez llegásemos a tierra firme pero cambié de opinión cuando una de las noches en el barco, escuché que dos de los guardianes hablaban sobre la historia de una guardiana que había ido a Marte hacía 22 años y se dio cuenta de que había información importante sobre el agua de Marte y el agua de la Tierra que no le quería ser revelada a la gente. Esa guardiana era mi madre, pero la dieron por muerta luego de un “accidente” aéreo mientras sobrevolaba la ciudad de Hidros. Nunca supe cómo sobrevivió y tampoco cómo logró que no la reconocieran en tanto tiempo.

Luego de dos días navegando, llegamos a las afueras de una ciudad portuaria cercana a Hidros. Allí desembarcamos y nos dispusimos a entrar en los submarinos que nos esperaban. Con éstos llegamos hasta nuestro destino a través de unos túneles subterráneos llenos de agua. De inmediato llegamos a un tipo de bóveda en donde había aire y no todo era agua. Salimos de los submarinos y subimos a una plataforma que allí había, la cual nos ascendería a la superficie. Ya en la superficie me di cuenta que ya había anochecido y de que el lugar a donde habíamos salido era el atrio principal de las escuelas, que la fuente que siempre estaba apagada no era una fuente en realidad sino la entrada y salida secreta a Hidros.

Inmediatamente llegaron ante nosotros los directores de ambas escuelas. “¡Ya esperábamos su regreso!”, dijo la directora entusiasmada, me dio un abrazo y le dijo a dos guardianas que me llevaran al comedor para que pudiese comer algo antes de ir a dormir y así fue. Ya los directores estaban enterados de mi reacción al salir de Marte por lo que supuse que de ahora en adelante me vigilarían más que antes. Al día siguiente me citaron para preguntarme sobre el viaje. Les dije todo lo que había aprendido y a ellos les gustó la idea de que me especializara en las técnicas para encontrar agua subterránea así que a partir de ese momento empezaron mis enseñanzas en la escuela de Ciencias sin haber terminado la escuela de Artes por lo que tenía que ir de una escuela a otra y la mejor manera de hacerlo era usando el puente. Esto representó para mí una gran oportunidad ya que podría fijarme en la falla que tenía el puente y de la cual mi madre me había hablado. Los primeros días que pasaba por el puente no pude notar alguna falla o imperfección sino luego de dos semanas: justo en el medio del puente había un círculo pequeño y ahuecado y su diámetro era de aproximadamente 1 centímetro, parecía hecho y no un desperfecto. Luego me fijé que de éste salían unos canales pequeñísimos y creaban distintas líneas en forma de espiral a lo largo de todo el puente. “¿Qué tanto miras muchacha?”, me preguntó uno de los guardianes después de haber transcurrido como cinco minutos. Me había detenido a observar eso sin recordar la presencia de los 6 guardianes que custodiaban el puente. “¿Por qué se impacienta? ¿Y por qué tiene que haber tantos guardianes para custodiar este puente si solo bastaría con dos?”, pensaba yo mientras le respondía: “Nada, es solo que me ha llamado la atención la forma de estas líneas que corren a través de todo el puente” y seguí mi camino hacia la escuela de Ciencias. Ya había pasado un mes desde mi regreso de Marte y de mi comienzo en la educación científica, por lo que ya estaba acostumbrada nuevamente a la Tierra y ya me había familiarizado un poco con mis nuevos profesores, así que una vez terminé mi clase de Física ese día, le pregunté al profesor si sabía algo acerca de la construcción del puente que unía ambas escuelas. “¿Por qué preguntas eso Ágata?”, me respondió él. “Es que me parece curioso el patrón de líneas que tiene el puente y quería saber si fue hecho con un propósito o solamente como algo decorativo”. “Bueno…”, dijo el profesor como queriendo confesarme algo, “Si fueras una estudiante común te respondería que es puro ornamento pero has ido a Marte, lo cual significa que los directores han visto un gran potencial en ti, por lo cual no tengo por qué ocultarte lo que me has preguntado. Verás, esas líneas que corren a lo largo de todo el puente no son otra cosa que canales de energía, pero no cualquier energía sino la del agua…”, dijo el profesor con un susurro al final de la oración. “¿Del agua?”, pregunté yo, “Sí, del agua. Dicen que existe una gema que solamente les es conferida a los guardianes mayores la cual no solo los protege sino que también tiene poderes energéticos increíbles. Se dice que la gema es el corazón de Hidros y quien encuentre dónde late el corazón de Hidros, podrá tener el control de Acuaria completa. ¿Te ha impresionado la historia, eh?”, dijo el profesor al ver mi cara de estupefacción. “Pues no es más que una historia, nunca se ha comprobado, al menos que yo sepa, nunca he visto una gema de esas y mira que he buscado por todos los rincones de Acuaria, pero por favor no digas esto último que te dije, no quiero que piensen que quiero adueñarme de toda la región”, dijo el profesor un tanto aturdido. “No se preocupe profesor, yo  solo quería saber si esas líneas son ornamentales o tienen un propósito. Supongo que la única agua que corre por allí es el agua de lluvia”, dije yo mientras le sonreía. “Sí Ágata, probablemente es la única agua que por ahí corre, ja ja, ya basta de leyendas tontas. ¿Tienes alguna duda sobre el material que discutimos hoy en la clase?”.

Antes de que terminara el día me encontré con mi hermano, que ya había empezado sus estudios en Hidros desde hacía siete meses, y le dije que necesitaría un favor suyo para poder cumplir una tarea. Le expliqué de manera breve lo que había descubierto sobre el puente y que tenía la sospecha de que nos ocultaban algo. Yo sabía que de seguro los guardianes de las escuelas nos estarían observando así que le di un abrazo a mi hermano. “¿Qué haces Ágata? ¡Esto está prohibido! ¡Nos van a expulsar o a castigar!”, “Tranquilo Jano, todo saldrá bien”, le dije yo y en ese momento llegaron alrededor de nosotros 13 guardianes, contando los que custodiaban el puente, puesto que estábamos cerca del mismo. “Quedan detenidos por romper una de las reglas principales de Hidros”, dijo uno de los guardianes. “¡Pero somos hermanos!”, gritó Juno. Nos arrestaron y nos llevaron a la sala común en donde se reunían los directores de las escuelas y aunque fue un momento un tanto incómodo, estaba tranquila porque acababa de descubrir el único momento en que los guardianes podían abandonar el puente.

Una vez llegamos a la sala común escoltados por 7 guardianes, los directores nos esperaban muy seriamente. “Jamás pensamos esto de ti Ágata”, dijo la directora de la escuela de Artes, “Conoces bien la reglas del lugar, ¿por qué lo hiciste?”. “Lo siento de verdad directora, simplemente no había visto a mi hermano en mucho tiempo y por un momento me dejé llevar por la emoción, él me recuerda mucho a mi madre y como sabrá ella murió hace un tiempo atrás y no pude despedirme de ella…En verdad mil disculpas, pagaré lo que tenga que pagar pero por favor dejen a mi hermano fuera de esto, él apenas está comenzando su vida en Hidros y quisiera que al menos él empiece y termine todo su aprendizaje”. Ambos directores se miraron y le pidieron a los guardianes que salieran de la sala. “Bien Ágata, te conocemos desde hace unos años y sabemos que eres una estudiante responsable y sobre todo prudente, dejaremos este incidente como olvidado pues es normal que extrañaras a tu hermano, además nos informaron que nadie más además de los guardianes presenciaron el abrazo de ustedes así que pueden retirarse, pero una falta más Ágata y ambos serán expulsados no solamente de las escuelas sino de Hidros, para siempre”, dijo el director de la escuela de Ciencias.

A partir de entonces me cuidé lo más que pude y dejé de hacer preguntas. Seguí mis estudios en ambas escuelas de manera normal hasta esperar el momento indicado para colocar la aguamarina de mi madre justo en el círculo que queda en medio del puente Eneta. Transcurrieron aproximadamente siete meses y durante ese tiempo leí información acerca de la construcción de Hidros y estudié los planos de las escuelas y de la ciudad. Para esto tuve que matricularme en las clases de Ingeniería y Arquitectura, para levantar las menos sospechas posibles, pero en ninguno de los planos que vi, había registros de algún sistema de flujo de agua que conectara a Hidros con el resto de Acuaria. Probablemente existía algún tipo de conexión porque en los planos no se mostraba el túnel subterráneo por el que llegamos a la escuela el día que regresamos de Marte, así que de existir canales ocultos, obtener el plano que los mostrara no sería tarea fácil. Como yo todavía no podía subir a las torres de la escuela de Ciencias, pues me faltaba completar con ciertos requisitos, decidí entonces arriesgarme sin tener la certeza de que mi plan funcionaría.

Se acercaba la época de invierno por lo que los alumnos de Ciencias empezarían a hacer salidas de campo para buscar bloques de hielo. Así que aproveché una de esas salidas para llevar a cabo mi plan. Era uno de esos días soleados pero fríos, en los que apenas se siente el calor del sol. Salí fuera de Hidros con un grupo de estudiantes novatos a mi cargo para enseñarles los métodos de extracción de hielo de ciertas localidades con altos contenidos de dióxido de carbono. Debía poner en práctica las técnicas de purificación que los humanos de Marte nos habían enseñado y mostrarle a los nuevos cómo se hacía. Estuvimos casi todo el día fuera de Hidros extrayendo hielo y separando el agua del CO2. Regresamos a la escuela poco antes del anochecer. Cuando llegamos al recinto amurallado y estábamos pasando por debajo del Eneta, dejé a los novatos a cargo del hielo que habíamos traído y les di instrucciones de pararse sobre el mismo al cabo de 5 minutos como “parte de un rito para calentar el hielo”. Enseguida, subí lo más rápido que pude por las escaleras de la escuela de Ciencias que daban acceso al puente. Esperé a que los alumnos hicieran los que les había dicho y éstos resbalaron y tropezaron, cayendo unos encima de otros, apoyándose mutuamente para poder incorporarse. En ese momento los guardianes del puente abandonaron el mismo para ver qué ocurría y yo corrí lo más rápido que pude hasta el centro del puente e inserté la gema…Cuando los guardianes se dieron cuenta, ya era demasiado tarde.

Toda la ciudad de Hidros se iluminó con una luz azul proveniente de la aguamarina revelando los canales que surgían de las escuelas y se extendían por toda Hidros. Un campo eléctrico se activó alrededor del puente y nadie podía cruzarlo. Pude ver desde esa altura a la que me encontraba que muchos de los canales desaparecían en algunos puntos y luego aparecían más adelante, por lo que supuse que habría agua subterránea corriendo debajo de esos puntos. Una vez tuve en mi mente esos lugares, saqué la gema y esperé por mi captura. Fui llevada a una de las torres de seguridad de la escuela de Ciencias y allí me esperaban los directores. “Parece que has descubierto el secreto de la ciudad de Hidros… ¿Cómo lo hiciste y de dónde sacaste la gema?”, preguntó el director. Yo no respondí. “Al menos dinos de dónde sacaste la aguamarina, ¿de quién la robaste?”, preguntó la directora. “No la robé, me la regaló mi madre antes de dejar mi hogar, pero no me dijo para qué era, yo lo descubrí”, respondí. Los directores no podían creer lo que les había dicho y mucho menos que mi madre hubiese sobrevivido al accidente, ellos fueron quienes la mandaron a matar por haber descubierto humanos de Marte trabajando en los canales subterráneos. A éstos se les explotaba y habían llegado a la Tierra engañados por los guardianes. Esto lo supe cuando la directora empezó a preguntarme si mi madre me había contado sobre los humanos de Marte que vivían en las profundidades de la ciudad así que ella misma me dio la respuesta.

De repente se escuchó un revuelo y pude ver por una de las ventanas que la ciudad se iluminaba nuevamente, pero ¿quién podría haber colocado allí otra aguamarina? Entonces llegó uno de los guardianes informando que era el profesor de Física. Él tenía todo preparado, solo había estado esperando que yo colocara la gema primero, para saber cómo corrían los canales. ¿Cómo supo que yo tenía una? , sigo haciéndome esa pregunta. Él y otros profesores más sabían de la explotación de los humanos de Marte y de las aguas subterráneas que les eran ocultas a la población, por lo que juntos habían ideado un plan para tomar el recinto amurallado y no dejar escapatoria a los directores. Algunos de los guardianes también cooperaron con el plan de rebelión pues no estaban de acuerdo con algunas normas y protocolos de la Academia, por lo que ese día fue el día de Marte en la Tierra.

Al cabo de un año la escuela y la ciudad, gozaban de paz nuevamente. La noticia del evento de hace un año se esparció por toda Acuaria y también llegó a Marte, con la gran suerte de que los humanos de Marte tenían la sospecha desde antes y se habían puesto en contacto con algunos de los profesores de las escuelas para descubrir el secreto, por lo que ellos también colaboraron con el plan de ataque. A partir de este nuevo año, luego de la recuperación física y espiritual tanto de las escuelas como de las personas que lucharon, la visión de enseñanza ha cambiado bastante. Se ha incorporado la cultura marciana del agua en las escuelas y en toda la comarca. Algunos humanos de Marte han venido a enseñar las técnicas de extracción, recuperación y purificación del agua, así como sus propiedades curativas y energéticas. Empezó a tenerse una noción de mundo más humana y más sensible por medio de la fusión de la Ciencia y el Arte. Se dejó atrás aquella rigidez que se pensaba sería la solución a problemas del pasado. Acuaria se convirtió en una región en donde el flujo de agua y el flujo de conocimiento fueron corriendo poco a poco por toda la comarca y la palabra cobró vida con la acción.
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