introspección | yaya






     Pasa todas las tardes, metida en sus malditos libros, cuanto odio verla así, pero lo que más odio es cuando entre dientes murmura lo que lee. ¡Ahh, qué detestable es! Imagino el movimiento de su lengua, la saliva mojando su boca, le escucho, escucho cuando profundamente traga ¡Agh! ese buche líquido para continuar con su lectura, sumamente asqueroso. Tengo que confesar que es algo fascinante la lectura, pero el silencio que me hace falta, ella lo corrompe; es como si estuviese metida dentro de mi cabeza. Pero es que, imagínenla, ahí, sentada, tirada en ese sillón, frente a la misma mesa todos, repito todos los condenados días y yo observándola desde aquí, también en el mismo lugar de siempre, un pequeño espacio que nos divide, dos espacios frente a frente, en la misma posición, ella leyendo, yo mirando y cuando la miro, ella me mira. Por eso creo que no me puedo descuidar, claramente ella también está planificando algo, estoy segura de eso, quiere deshacerse de mí.

     Hace un rato comenzó con otra manía desesperante.  Sí, yo también tengo esa maña, pero nunca la había visto a ella haciéndolo hasta hace rato; golpeando con un estúpido bolígrafo la mesa rápidamente. Con ritmo. Sin ritmo. Desesperada. Como si con el estúpido bolígrafo contara los segundos

toc, 
toc, 
toc, 
toctoctoctoc...

Y así repetidas veces hasta que me harta la paciencia. No puedo más, pues he decidido matarla. Así de simple, matarla y deshacerme de ella; porque si tengo que elegir entre ella y yo, claramente me elijo a mí. Egoísta y maldita, me parezco a un humano.

     Ahora, he ideado un plan que no puede fallar. Rápidamente, sin detenerme, sin prestar atención, sin pretender equivocarme, sin más, la voy a atacar, pero atacándome a mí.  Aunque no sea creíble, he descubierto que todo lo que hago, también lo hace. Como una mimesis. Esto me da más razones para deshacerme de ella.  En un rato, ella tomará un descanso. Cuando vaya a la cocina. Yo también iré tras ella.  Ha de beber algo, para seguir alimentando e hidratando su fastidioso paladar que me repugna. Creerán que estoy loca, jajajaja, pero sé que funcionará. He comprado un veneno potente, del que echaré en un vaso que cuando yo lo beba, ella también lo beberá.  La cuestión aquí es, que estoy segura que dejaré de escuchar, ese crujir entre dientes, esas malditas palabras murmuradas, ese maldito trago profundo, ese asqueroso buche de saliva.
Morirá.
Y lo esperará.
Miramos hacia al frente en el lugar de siempre, levantando simultáneamente los vasos y embriagándonos de ese malevoso cáliz, sonriendo y golpeando la mesa

toc, toc, toc, toc, toc..

Mientras se desvanecen por completo los golpes de un bolígrafo que no tiene la culpa, se ve caer un cuerpo, una mujer que nunca se percató que se posaba frente a un espejo.



Yamary Sánchez Manso, nacida el 12 de agosto del 1994, ejerce actualmente sus estudios en Literatura Comparada. Puertorriqueña, loiceña, negra, amante a la poesía, a los tambores, a las artes, a las letras, a la existencia. Mientras en lo frecuente se me podría considerar poeta y destacar el cómo mediante los versos resalto temas relacionados al cuerpo femenino, la negritud, las contradicciones; en el relato “Introspección” desee atreverme a la experimentación e intentar retratar lo que considero un enfrentamiento al “yo”.

“No hay mejor palabra, como la que se dice en verso.” 


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