pa' nova yol [marie picouto]

foto tomada por Marie Picouto



María López se mudó a los Estados Unidos a la edad de siete años.  Sus padres, se habían divorciado hacía dos años.  Desde entonces, ella no había vuelto a ver a su papá.  Su madre trabajaba en un pequeño hotel cerca de la costa sur de Puerto Rico.  Cuando acudió a tomar un cambio, sin pensarlo dos veces, decidió que se mudarían a los Estados Unidos porque todo el mundo le decía que allá ganaría más dinero.  Como decía don Guille- “Allá los chavos llueven como maná del cielo.”     
Pa’ Nova Yol nos vamos—   declamó su madre. 

Cuando llegó a “el barrio”, no entendía por qué ya no podía ver el mar, tampoco por qué no había huertos en los patios, ni hojas en los árboles.  Su nuevo hogar era muy diferente a la graciosa estructura de madera y zinc de su pueblo.  Se divertía jugando a que fumaba sin usar un cigarrillo.  En la noche, cuando se iba a acostar, María cerraba los ojos y recordaba nostálgicamente su pueblo natal en Puerto Rico.  Podía oler el café recién colao y sentía la brisa del mar, y entonces, procedía a llorar.  No comprendía por qué estaba en ese pequeño apartamento donde apenas cabía el aire para respirar.   
           
Una semana más tarde, su mamá la llevó a su nueva escuela.    Este era un edificio gris entre una gran avenida y la estación del tren, ese misterioso lugar donde las guaguas van por debajo de la tierra.  María vio niños que parecían de todas partes del mundo, como esos que le mostraba su vieja maestra en el libro de Estudios Sociales.   Hablaban un lenguaje muy extraño, aunque en ocasiones lograba captar algunas palabras en español.
            
María se encontraba en instancias extrañando a sus amigos de Ponce, deseaba estar con ellos y andar libremente por las calles de su pueblo.  Sentía un enojo constante porque su madre la movió a este lugar ajeno.  Sentía gran coraje y rebeldía.   Entonces fue así que se volvió una niña distante y callada, aislada en sus pensamientos.

Un día salió de la escuela antes de tocar la campana.  Caminó curiosamente hacia la estación del tren y  pudo sentir un golpe de brisa que salía de aquel túnel.  Pensó que era posible que el mar y la playa se encontraran allí.  Entró al túnel en plena oscuridad donde emanaba un olor raro como todas las cosas de Nueva York.  Escuchó un ruido rítmico y presintió algo a su espalda, al instante pudo ver la luz de paz venir hacia ella, a sus amigos de Puerto Rico correr por la playa y sentir la inconfundible brisa del mar acariciando su rostro.
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