donde cantan las sirenas [kariana reyes]

k. reyes



Entrego mi pasado, más allá de los arrecifes, de los acantilados; 
a lo más oscuro del Atlántico. 
Las sirenas claman del otro lado del charco, 
a la heredera del mar, de la espuma en las olas. 
Los polvos de mil caminos, 
escurren de mis dedos, 
y entre el vaivén
cada oleada me redime de palpables lágrimas. 
De una plegaria 
donde se me declaró mentirosa 
por una lengua carroñera. 

Una maldición 
por quién bendijo mi frente con agua y melao. 
Mi destierro de una matriz gangrenada; 
de mis raíces y la arena en mis rizos encaracolados.

Fui tildada ramera por tener cojones y gritar. 
Farsante al delatar un mundano jurando ser Dios;
un macho canonizado. 
Con la mirada menguante, 
el cuerpo desnudo, 
manos atadas,
de rodillas; 
sosteniendo estar 
ante aquello que tanto pretendía,
resistí ante un Padre
mi camarada, 
un clérigo. 

Ayuné por dos meses, 
vomité por tres, 
y al cuarto lloré pidiendo amparo. 
Contemplé a mi madre fenecer un día a la vez, 
olvidarme con cada segundo. 
Erguí mis brazos intentando arrullarla en mi seno, 
y sufrí la impotencia cuando me restaron pulgadas para alcanzarla. 

Arranqué mi cabello, 
me senté a solas, 
clamé perdón de rodillas, 
aferrada a la cintura de una diosa africana. 
Pero dentro de mí, 
se ulceraba una cólera, 
la necesidad de saber: 

¿Por qué a mí?

Cada fobia, 
cada pesadilla, 
se congregó en mis pupilas. 
Por ello ruego al océano, 
me vea a los ojos. 
Imploro que bañe mi esencia 
hasta olvidar su nombre, 
su rostro, 
su tacto... 
Que limpie de penas 
mis caderas, 
mis senos, 
mi pubis...

Mi padre implora a mí, 
me guía al otro lado del charco, 
donde canturrean las sirenas, 
y arriban las aves; 
donde las aguas son claras, y profundas. 

Sí hoy he de sanar, que sea glorioso.

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