crónica de un encuentro [marie picouto]

foto: a la izquierda Edward, su hermano, Marie Picouto en el coche y a la derecha Julio, su padre. 



Había soñado innumerables noches con este encuentro.  Y así, como las casualidades que la vida te brinda, en este instante nos volveríamos a encontrar.  Estar frente a mí, después de tantos años y sin intermediarios.   
Se enredan todos los sentimientos que habitan mi mente, volando a mis recuerdos nuestros días más felices.  Puedo sentir su olor, su calor,  ese sentimiento de cobijo y  de esperanza que nunca, después de nuestra separación, había experimentado. Cuantas veces  desee verle, decirle, comentarle, pero, hasta hoy, no había sido posible.  Tal vez porque no se dio, o porque yo inconscientemente temía por este encuentro.

Mi automóvil se movía en la carretera, y en cada pulgada recorrida mi corazón pulsaba cada vez mas fuerte.    La incertidumbre, la duda, que por cosas del destino se separan por tanto tiempo. Asustada, lloraba y me decía a mí misma lo importante que era este reencuentro.  Cerrar este capítulo inconcluso,  comprender y aceptar de una vez por todas las razones de nuestra separación.  Y pensar, que desde hacía unos meses, sólo nos separaba la distancia, aunque no tuve el valor para enfrentarme. 
Ahora, transitaba por esas calles  y me acercaba cada vez más al momento que hacía tanto que había anhelado.  Mientras más cercano el encuentro, más fuerte palpitaba mí corazón y a la vez la incertidumbre de saber si esto era correcto.  

Qué difíciles somos  los seres humanos, a veces.  Cuando no podemos, queremos y cuando estamos a punto de alcanzar la meta, dudamos

Ya podía sentir el olor a salitre,  el ambiente playero y descansado que por tanto tiempo vivimos juntos. Solo me faltaban unas cuadras.  Me sentía exaltada, agitada, angustiada asustada, e inquieta cada segundo más y  más, todavía cuestionándome, si debía estar aquí.   

De pronto, sorprendida, noté que me encontraba en la última callejuela, que al doblar de la esquina, propiciaría nuestro encuentro.  Al mirar, ahí estaba, como la última vez, y yo, sonreía y lloraba a la misma vez.  Le miré, fijamente escudriñé cada línea suya y supe que no había cambiado nada;  como si el tiempo se había detenido en este espacio.  Sí, ahí, frente a frente, esa estructura, la casa, la que me vio nacer y arrulló mis primeros llantos, mi infancia, nuestros días más felices





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