at the mckittrick hotel | [janilka romero]


Janilka Romero


El estruendo terrible que se escuchó cuando la puerta chocó contra la pared nos indicó que la función había acabado. Oliver, el actor que interpreta a Macbeth todas las noches en el McKittrick Hotel, entró al cuarto lentamente, con mucha paciencia, tranquilidad y una sonrisa en el rostro aunque su cuerpo estaba sudoroso, la respiración agitada y llevaba un olor a muerto espantoso. En sus manos cargaba una criatura tiesa, callada y envuelta en sangre. Todas las noches Lady Macduff era asesinada junto con su hijo por órdenes de Macbeth. Oliver abrió la pluma de la pileta para limpiar la mayor parte de sangre que brotaba de aquella criatura. Luego caminaba hacia su mesa, allí se sentaba y prendía una pequeña lámpara que solo lo alumbraba a él y a la criatura, que se había utilizado esa noche, mientras el resto de la habitación se quedaba en penumbras. Tomaba un palito con algodón en la punta y cuidadosamente le limpiaba la sangre que se le acumulaba en el lagrimal del ojo, la sangre estancada en la recepción de la oreja, la sangre pillada en las uñas y la sangre que se había quedado entre los dedos de los pies. Extendió su brazo para alcanzar un paño con alcohol pero estos se habían acabado. Cuando se levantó para buscar un nuevo paquete de paños, a la criatura se le abrieron los ojos. Tranquilamente le cerró los ojos, sin haberse asustado, y continuó su camino.

Después de haber terminado de limpiar, la criatura agarró un frasco de cristal, lleno de un líquido transparente, espeso y sin fragancia, para poner al niño a reposar dentro de él. Se aseguró de haber cerrado el frasco bien, se lavó las manos y la cara, lloró un poco, respiró, caminó hacia la puerta y la cerró lentamente. Había dejado la lámpara de la mesa encendida.

Desde mi frasco podía ver a los otros niños que habitaban en este cuarto. Todos en frascos de cristal. Unos estábamos más desarrollados que otros. El que estaba a mi lado izquierdo no había terminado de desarrollar sus manos. A mi lado derecho tenía la cabeza muy pequeña y se le podían ver las venas del cráneo brotadas. Frente a mí tenía dos hermanos pegados por su área pélvica. Al último que había llegado se le salieron los ojos cuando lo pusieron dentro del frasco, por eso no lo habían usado todavía. Algún día, cuando Oliver no tuviera ensayos de su otra obra, él lo prepararía para poder usarlo en la escena de la muerte. Había visto a casi todos lo que estaban allí llegar, también había visto a muchos irse.

La primera vez que me enfrascaron fue todo un espectáculo, yo estaba casi completamente desarrollado. “Ayuda” agitaba mis brazos. “No puedo respirar” movía mis piernas rápidamente. “Auxilio” golpeaba mi cabeza desesperadamente. “Me ahogo” chocaba mi torso fuertemente contra el cristal. “Por favor, alguien” gritaba con desaliento. No me gustan los espacios cerrados ni mojados por eso quería salir del útero de mi madre, que en paz descanse. Las madres de los demás también habían muerto. Esta adaptación de la obra de Shakespeare había estado en cartelera por diez años. Cada vez que llegaba una nueva actriz al elenco de la producción Oliver las seducía. Empezaba con un juego de miradas coquetas, en ensayos buscaba la manera de tocarlas “accidentalmente”, les alababa sus actuaciones y no paraba de decirles lo fantásticas que eran. Una vez las tenía en la palma de su mano, las traía a esta habitación que se localiza en el sótano del teatro y les hacía el amor con gran pasión. Las que quedaban embarazadas vivían bajo la ilusión de casarse con el protagonista de la gran obra. Imaginaban una vida llena de lujos, fama y porvenir para sus hijos. Pero una vez pasaban las quince semanas de embarazo Oliver preparaba la noche perfecta, la noche de luna menguante.

Esa noche las volvía a invitar aquí, al sótano. Entre besos, arañazos, estrujadas de pelo, mordiscos y golpes se devoraban uno al otro como bestias que se morían por un pedazo de carne. Cuando Oliver estaba a punto de llover dentro de ellas, de su pene salía un insecto parecido a una araña peluda y con sus nueve patas agarraba al bebé dentro de ellas y se los arrancaba del vientre. Contrayendo todos los músculos del rostro, con un grito agudo desgarrador y el cuerpo tembloroso cada una de nuestras madres caían desangradas en el suelo. La imagen de nosotros en los brazos de su asesino con pene de araña era el último retrato para sus ojos. Desde entonces nos turnamos para interpretar el papel del hijo de Lady Macduff y cada año las actrices son sustituidas.

Quien único no ha podido ser sustituida es Rebecca, la actriz que ahora interpreta Lady Macbeth. Rebecca entró al elenco como Lady Macduff y Oliver intentó el mismo juego con ella. La noche de luna menguante fue ella quién sedujo a Oliver y este se sucumbió en los mares de la excitación que ella le provocaba. Cuando Oliver estaba alcanzando el climax, lo empujó y ella misma se metió sus manos por la vagina sacando por la cabeza a la criatura que llevaba dentro de ella dejándola caer al suelo. La criatura lloraba. Oliver estaba petrificado, no podía hacer nada, ni respirar. “Termina lo que empezaste” dijo Rebecca. “Este no era el plan” replicó Oliver. Entonces como Euménide enfurecida recitó las líneas de su personaje:

“What beast was ’t, then,
That made you break this enterprise to me?
When you durst do it, then you were a man;
And to be more than what you were, you would
Be so much more the man. Nor time nor place
Did then adhere, and yet you would make both.
They have made themselves, and that their fitness now
Does unmake you. I have given suck, and know
How tender ’tis to love the babe that milks me.
I would, while it was smiling in my face,
Have plucked my nipple from his boneless gums
And dashed the brains out, had I so sworn as you
Have done to this.” 


Fue Rebecca quien aplastó la cabeza del niño y lo puso dentro de un frasco. Oliver no se había podido mover, de sus ojos brotaban lágrimas por montón. Rebecca se lavó las manos, la cara el vientre y las piernas, respiró, caminó hacia la puerta, se giró para sonreírle a Oliver y la cerró lentamente. Al día siguiente habían botado a la actriz que hacía Lady Macbeth antes que ella y la producción buscaba una nueva actriz para interpretar a Lady Macduff.
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