tres poemas | [carlos a. colón]




Flores Negras


Las flores rojas no tienen un mañana,
solo un instante si es que tenemos suerte.
Te llevaré flores negras cada fin de semana,
así sabrás que te amaré hasta después de la muerte. 



Reinicia

Caminamos en el mismo rumbo
adorando a hombres supremos,
dejándonos llevar por palabrerías creadas
de una sociedad dormida en sus pradas.
Tocando puertas y volando un aire contaminado
de destrucción y desnaturalización.
Creyendo, pensando y orando
que un trabajo nos dará estabilidad
para que al final estemos dando consejos de no ser y de que puede ser.
Aferrados a culturas separadas a las del resto,
pero cada una piensa que es la indicada, dijo su gobierno,
dijo su religión, pero ahora yo protesto
y demando equidad.
Pero los dormidos están a favor de lo que creen normal,
solo pensando en egoísmo y dulce.
Vuelvo y repito: ¡Levantarte! Maldito vegetal.
Los placeres son ricos cafés en nuestras noches cargadas,
pero los mismos no complementan la embajada global.
Pensando que la exterminación y el patriotismo no es lo mismo.
Ojala tiráramos granadas de flores,
asimismo repartiéramos olores de amor en su fracasada salud mental.
Por porcentaje animal, pensar es anormal.
Y a los que les cuelgan testículos,
quienes se programan superiores, cuenta la historia,
hoy día, sentados en la orilla de un culo;
¿Que sería si los mil dioses fueran mujeres?
Si ellas hubieran tomado las decisiones en los poderes.
Dice la historia que hemos creado
cuentos de amigos imaginarios,
novelas de normas de ‘porque yo lo digo’,
poesía de esperanza para ningún destinatario,
ensayos de cómo se divide el trigo,
teatros de productores de leyes de una tierra jamás creada
para ser dividida en masa
y en grupo sociales creados para sobrevivir
en un mar de papeles superiores y el mentir.
¡Ojala los locos gobernaran el mundo!
¿Pero que es estar loco?
Aunque defiendo mi isla por orgullo,
defiendo más la destrucción inmediata de fronteras
para crear homeostasis nuevamente
de una tierra maltratada de lo que fue algún día
en una era donde éramos considerados dementes.
Pero, ¿Qué somos ahora?
Me gustaría vivir quinientos años,
no estoy seguro si para ver la juventud repartiendo esperanza
o para ver a Madre Tierra haciendo justicia
creando verdaderas máquinas de guerra,
disparando la verdad,
aniquilando con bombas de lavas,
afirmando nuevamente la ley de causa y efecto.
Es que siento desprecio y detesto.
Estos con poder, poder que les dimos,
saben la realidad y le apuestan a su favor.
Alguna vez dije que quería cambiar el mundo,
pero es imposible cuando lo no natural me administra.
Cada grano de arena, cada conducta aprendida.
Mira mis labios y escucha mis dedos cerrando un puño revolucionario.
Aquí me ofrezco y me hago voluntario.
No cambiarlo, si no comenzar a mejorarlo.
Porque no es mi palabra, es la de varios,
porque quinientos años viviré,
porque esperanza repartiré,
porque espero no caer en la tentación
o no ser víctima de otro caso sin justicia.
Este es mi verso de afirmación.
Mi última oración del botón: Reinicia.



Los recuerdos de un espejo lleno de vida

Recuérdame cuando camine por los reflejos,
cuando dance las aldeas laboriosas de lana,
también cuando desnudaba la cobertura de tus fases.
No olvides los momentos en que te convertiste mi musa.
El tiempo se detenía solo para observarnos,
te veía tratando,
me veía contemplando.
Así es la vida, tan detallada.
Es como un instante en velocidad luz,
un silbido en el parque de aves con hambres.
Recuérdame cuando camine por el portal del sol,
por la sonrisa de tu sonrisa.
Me cuentan las hojas de las temporadas
que hace tiempo que no te escucho.
El mundo, obviamente no está bien:
mueren por hambre, mueren por naturaleza, mueren por placer…
Muero por amor.
Me preguntan los horizontes: ¿Qué es el amor?
El amor es la vida a su máxima pureza,
sin pelaje, sin pezuña.
La vida es un fruto prohibido,
explosiones cósmicas,
el sueño de un niño extraterrestre que aun duerme,
y es la manera en la que te observo.
Recuérdame porque los espejos tiran fotos
y su reflejo se disfraza de la lotería de nuestro instante
mientras cerramos los ojos para sentir el momento.
La vida se siente entre las pupilas de desiertos suspiros,
grita por brotas de sentimientos murmurantes en líneas sintonizadas.
Recuérdame cuando éramos de los tantos millones
besándose en sincronía,
en las tantas lagrimas que caen por segundo,
en la bala de cada animal cazado.
En el calor de la lava,
En el calor de las camas.
donde hacíamos tributo al bien y al mal.
A los que duermen, a los que caminan al trabajo,
a los que buscan agua.
Recuérdame en cada fluidez de los ríos
que bajan por tu garganta.
En las cascadas que habitan por tu amor al cielo
soleado, diseñado con camas de burbujas
esperando ser escritas por alguna conversación de hielo
y fuego.
Para decirte la verdad, quiero que me recuerdes en las mentiras,
yo te recordare cuando mire el espejo. 

 

Carlos A. Colón nació el 8 de octubre de 1997 en Mayagüez, pero toda su vida ha vivido y criado en San Sebastián. Carlos comenzó a escribir poesía en octavo grado como un pasa tiempo irregular, hasta que luego en la escuela superior retomo los viejos habito. Dicha escuela fue Patria Latorre Ramírez, donde Colón Ruiz se graduó. Actualmente estudia su segundo año universitario en la Universidad de Puerto Rico recinto de Aguadilla, donde estudia su bachillerato en ciencias políticas. Carlos publicó el poemario Entre Mis Demonios el 8 de agosto de 2016, siendo el poemario su primer libro. Para su futuro desea desarrollarse tanto en la literatura, como en sus estudios.



















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