Y | [tatiana gonzález]


Aquí estoy calculando la circunferencia de un cuadrado
mientras vuelo en un segundo por las estrellas que no hablan.

Ay, sí las estrellas se representarán en sonidos— agudos— bemoles— sostenidos—
Aquí estoy viendo si aún queda algo vivo en el intento del silencio.

No veo, tiemblo— porque el túnel está lleno del chocolate que me niegan 1 vez al mes— chocolate que se expande en texturas de almendras , sal de mar, arroz con habichuela y wasabi, que vuelve a ser chocolate vomitado por mi lengua ...

Ay puñeta— este maldito cuadrado que rechaza las hipotenusas y catetos porque en algún momento quiso ser inferido— esfera retorcida— infinita— el punto de origen que se repiensa a si mismo como el axioma incalculable de lo insípido.

Nunca aprendí a sumar— me faltaban los dedos completos que tienen la capacidad de calcular el sentido.

Me miró al espejo— casi nunca logro hacerlo sin empezar a añadir todas las pertenecías que me pertenecen y fueron espantadas por una conjunción.

Una Y griega—

jodia hija de puta, maldita Y griega que saltó dos casas más abajo por no tener la dirección correcta en el GPS y llegó antes de los nueve meses al vientre de mi madre.

Maldita sea.

Circunferencia estática chocando con LAS cuatro esquinas de este cuerpo que no es mío— y lo desecharía en una estela para que se convirtiera en una resta de átomos que rebotan y se repiensan por puro instinto de (tr)a(ns)gresión.

A veces pienso que esta es la única manera de SER— que puedo ser la circunferencia de un cuadrado que no se conforma con la configuración (anti)natural de sus líneas / un cuadrado que por miedo a doblarse en grados, en 360 espacios represivos termina siendo la caricatura de sí mismo desde un gemido.

Cómo. Me. La. Sacooooo

DÍGANME
cómo LA rompo.

Me arranco a jirones
esta piel que alguien dijo que me pertenecía por ausencia de una doble XX— 
por la interrupción de una PUTA «Y» griega envidiosa que decidió suicidarse 
(y a mí con ella) en el núcleo de mis células.

No puedo tocar el piso— floto PUÑETA— porque es la única manera de transitar en otra órbita—otra. Dimensión— otra realidad que veo como una jodía novela que pasan a las 3 de la tarde 
en casa de abuela, siempre pendientes de taparme los ojos porque eso son cosas de nenas.

Si tuviera corazón lo regalaría— lo único de mí que funciona como prueba de que estoy viva más allá de los artículos omitidos en femenino que suspiro tarde en la noche como una confesión al único universo que me escucha en esta frecuencia de chillidos inaudibles. 

Ese segundo entre las estrellas TIENE que ser eterno— infinito—
sin entrada ni salida.

Porque regresar me explota el himen que nunca he tenido pero es MÍO— COÑO QUE ES MÍO— 
es sangre coagulada— sangre violeta que sale en cantos parecidos 
a un bistec que se cuela en una sopa.

Saaaaaannngreeeeeeeeee

Que me lleve a renacer de un vientre estéril— para que escupa esa puta cabrona «Y» griega— 
para poder resignificarse desde el amor incondicional así de eterno e infinito como mi segundo en el universo que no me expectora como una aberración abnegada.

Saaaaaannngreeeeeeeeee


Quiero mancharme
que me brote de entre las piernas—

Saaaaaannngreeeeeeeeee 

que me haga parir el tigre que tengo atascado en la garganta.

Algún día naceré en la circunferencia de un cuadrado.

Me dejarán nacer—
me permitiré nacer—
fuera de mi segundo interminable en las estrellas
fuera del espejo donde el humo flota hacia la izquierda 
escapando la «Y» griega
me baja de la fantasía
que me modifica de un él a un LA en mayúsculas.



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