penumbras | [leishka quiñones]





Mi mente no descansa desde aquel día,
aquel mismo día en que la felicidad
dejó perplejo el remordimiento que causaría.
Ese mismo en que el gusto dio por hecho lo inmoral
y que en la mente le dio sentido a mi vida.

La culpa; que llenaría de insomnio el subconsciente
quitó el remordimiento a lo prohibido
que con tanto gusto ha de vivir en el recuerdo.

¿Y qué recuerdo?
Si las ganas de gritar consumían mi memoria
y llenaban de úlceras las ganas inmortales.
Las de controlar en lo que se convirtió esta pena,
la misma pena que me dio ocultarlo.

La libertad que me había llenado aquel día.
Se había tapado con augurios de la gente.
Había apagado la lumbre de sentir
y había arropado la conmoción del alma 

para siempre.

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