micromomento | [maría maría burgos carradero]



A mitad de orgasmo 
noté el color del lápiz 
labial que llevaba puesto.

A juego, me dejó hacer 
de su cara canvas
y mis manos se hicieron 
unas con el maquillaje.

Pero sus labios, 
muy suyos, 
de su propiedad,
se los quiso pintar él.

A mordidas de bocas 
no suyas, 
no coloreadas, 
recuerdo esa tarde con tenuidad.

Eventualmente regreso a mí.

Y me pongo a pensar en lo pequeño de este baño.

Hago un recuento de la noche, 
de mi primera entrada aquí 
y como me atreví a narrar 
elegías con mis ojos, 
mientras miraba en el espejo 
el cuerpecito que cargo, 
que carga media botella de Whiskey.

Me quedaban dos opciones:

buscar una navaja de afeitar y cortarme, 
un desangramiento que inunde 
y ahogue todo este ruido,

o,

buscar una mirada 
que albergue demonios 
más escalofriantes que los míos.

En un micromomento, 
salgo del baño y la ceremonia 
de costumbre funciona.

Una mirada que emanaba 
ganas de destruir,
un cuerpo cargando 
más Whiskey que el mío
me siguió al baño y,
a mitad de orgasmo,
noté que ella lucía el mismo 
lápiz labial que él.

© 2015 Convergencias Editores. Con tecnología de Blogger.