Hay mujeres : [Marian Lavandero]



Hay mujeres
que pintan con besos un tormento.
Que son la réplica de Eris,
y saben hacer llorar al ojo del huracán.

Hay mujeres
que son hijas de la calma.
Saben apaciguar,
son ninfas, la luz que centellea en el mar.

Hay mujeres
que son melancolía.
Tienen el cielo lleno de recuerdos
no dejan ir, se tejen lágrimas en la piel.

Hay mujeres
que son intermedios.
Les sienta bien el color gris,
son un deseo tibio que nace en el pecho.

Hay mujeres
que son misterio.
Saben ser caricia de licor amargo
y berrinche de confite oculto.

Hay mujeres
que son niñas.
Duendecillas chifladas
que dejaron de ser la fantasía del hombre
para convertirse en su propio sueño.

Hay mujeres
que son cien mujeres.
Son el encanto de la lámpara
y la genialidad del genio.

Hay mujeres
que huelen a limpio.
Se les enreda la pureza en cada pelo.
Hablan en susurros, desconocen lo perverso.

Hay mujeres
que son compás.
Y te desordenan las huellas
para que reconstruyas tu camino.

Hay mujeres
que son imposibles.
Que esperas siempre porque nunca llegan,
saben a sal.

Hay mujeres
que son cara y cruz.
Te besan negándote y se marchan mientras te nombran.
Te aman mientras te olvidan y olvidándoles las amas.

Hay mujeres
que son veneno.
Galopan sobre su pecho abatido.
Tienen vanidad felina, son nocivas para la salud.

Hay mujeres
que son aeropuertos alejados y estaciones de tren.
Son vertientes de tantas contradicciones
que te hacen hallar paz.

Hay mujeres
que no hay por dónde.
Suenan a herida sin tocarlas
y te hacen desear la muerte antes que a ellas.
Mujeres contra las que no hay razones que encajen
y las conviertes en adiós para darles un sentido.

Hay mujeres
que son aves de paso, bodas de un día.
Postres eternos en medio de una prisa carnal,
engaños a la rutina, tu alma animal rendida al instinto.

Y está esa mujer...
que aparece como los aciertos.
Que se atreve y se queda.
Tiene el pelo del color de tu almohada,
le da la vuelta a tus excusas y las convierte en motivos.

Es un signo de interrogación abierto,
todo lo que la poesía aún no ha escrito.
Le das la bienvenida a casa.
Te ama sin evitarlo y le amas sobre todo, por supuesto.
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