Pedro Molina: [Mara]

by 22.5.15



Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.

Borges y Yo


Aquí, que no abandonara ella temiendo 
y ávido de verla, giró el amante sus ojos, 
y en seguida ella se volvió a bajar de nuevo. . .
Las Metamorfosis, X
I

Mi novia actual nunca me ha preguntado por la foto de ella que tengo en mi escritorio. Como ya no temo a las cursilerías, lo suelto: nadie ha sido, ni es, ni será como ella.

II

Luego de unos minutos de inercia, titubeando, miré alrededor y me acerqué al bulto recostado de la pared del pasillo del Departamento de Historia. El aire entraba forzado a mi nariz mientras me aproximaba, interceptando las sombras de las columnas, que hendían la luz del sol. Encerré el papel entre las páginas de un poemario, y me senté cruzado de piernas en el piso, cerca del bulto. Unos minutos más tarde ella hizo lo mismo justo al lado de la mochila, con la espalda apoyada en la pared, y abrió el poemario. Como sabía que no tendría sentido desesperarme, esperé contemplando los pájaros zigzagueantes, siguiendo con los ojos el flujo de personas y saludando a algunas. Cuando hubo acabado de leer el poema, alzó la cara, cuya sonrisa delataba cierto gusto, y volvió a esconderlo entre las páginas.
III
La próxima vez que la vi, sentada en un banco con una amiga, tenía una blusa negra que siluetaba sus pequeños y firmes senos. Yo miraba las palabras del libro abierto en mis manos.

—Loca, chequea esta nota que me dejaron —dijo ella, y prosiguió—:

El destino me ha dado la dicha de enamorarme de una mujer a la cual conozco muy poco, y aunque no abra mares oscuros, cura mi soledad con su oscuridad.

—Ay, que chulo. ¿Quién lo escribió?

—No sé. Dice Orlando.

IV

Al día siguiente, ella, cobijada por la sombra de un árbol, se sentaba en uno de los bancos de Plaza Antonia. Sintiendo los latidos en el fondo de mi garganta, respiré profundo y caminé hacia ella con un tic en el pulgar que no cesaba ni con la confirmación reiterada de mi futuro éxito, ni con el consuelo de saber que el rechazo no es nada. A mitad de camino, entre el runrún de las voces y el chirrido de los changos, me detuve y giré. 

—Puñeta.

Cuando al fin su soledad venció mi miedo, me aproximé a ella sin pensarlo mucho y, luego de halagar su traje oscuro hasta las rodillas —que flotaba alrededor de su figura recortándola sin precisión— traté.

—¿Quieres comer un helado? Entornó los ojos y entreabrió la boca. Me iba a detener, pero después de aceptar que el hormigueo que ella me provocaba solo me llevaría a corte por agresión sexual, me salió:

Boca que susurra en mi oído,
cuyo cuerpo recorro en vano:
que toco y se va

Mujer palabra,
te guardo en papel.
Sin tocarte,
eres foto y te saboreo.


Abrió los ojos y enarcó las cejas. «Con que eras tú». «Sí. Siempre he sido yo».

V

Aún le dejaba notas en el bulto, cuando se descuidaba o se le quedaba en mi carro. Era mi manera de ser romántico, además de las flores, las caricias y las lisonjas, que venían acompañadas de largos besos, que siempre lograban erizar mi espalda.

Ella me presentaba una infinidad de detalles que oscilaban entre la novela Lima y Limón con una razón por la cual me amaba escrita en cada página, mensajes de texto con “buenas noches”, hasta las ausencias a clase para verme en el trabajo, por las que la regañaba. Luego de las peleas inusuales, en las que al menos uno de los dos salía llorando, tardábamos de dos a tres días en reconciliarnos.

Y la mirada.

Una vez, acostados en el capó de mi carro apreciando las pocas estrellas del cielo urbano, cuando pedíamos deseos y le acariciaba el pelo corto, me miró. Sus iris parecían capas de avellana superpuestas unas a las otras, claras en la superficie y más densas hacia la pupila. Lo sentía. Los que han sido amados entenderán.

VI

Ya a los dos meses de nuestra relación, comencé a notarlo, y de ahí, solo siguió en declive. Ocurrió más o menos cuando empecé a firmar los poemas con mi propio nombre. Me senté un día a escribir, y me quedé en blanco. Una semana más tarde me salió algo que luego le escondí en uno de sus mahones favoritos. La vi descubrir la nota —sin que ella me viera—, leerla y hacer un ademán de asco, forjado quizás no con el fin de herirme, pero doloroso de todos modos. Esa tarde me senté frente al Consejo y, entre el palabreo de mis amigos, me fumé un cigarrillo. Recuerdo que la brasa se avivaba y se apagaba, y, mientras la tomaba con el pulgar y el índice, pensé en cómo esa luz se parecía a mi relación con Mara y en una cita que decía: «a cigarette is the perfect type of pleasure. It is exquisite, and it leaves one unsatisfied». Tenía un atolladero en la garganta.

VII

—Fuck her, man. Si no te quiere, que se vaya pa'l infierno, me aconsejó uno de mis amigos. 

—Esperemos que eso no pase. —pensé. 

Era en algunos de esos momentos sin ella —cuando estaba lejos de mí, cuando me la imaginaba en la oscuridad abismal, cuando era invisible— cuando más la quería. Ya había parado lo de las notas y no nos besábamos, ni nos agarrábamos de manos, ni siquiera nos veíamos. Y fue eso, lo de las manos, lo más que me jodió. Sentí que la había perdido.Un día mis padres me dijeron, con sus voces siderales, que no querían que yo siguiera con ella, que era imposible y que para mí, ella debería estar muerta. Pero no lo estaba porque ese mismo día me envió un mensaje, como de vuelta del pozo.

«Tenemos que hablar. Voy a estar frente a Lenguas.»

No sé ni por qué fui, si ya sabía lo que venía. Sin embargo, me la esperaba más profundamente negra y me volvió el tic. Justo después del papelón, en el que dijo, «pero te agradezco por el amor y los poemas», se alejó. A mitad de camino giró su torso, me miró a los ojos y continuó caminando. El momento no fue tan efímero como pensaba que iba a ser. No pasó nada.

VIII

No la he vuelto a ver más. 

En esa época, mi rutina consistía en casa, trabajo y, de vez en cuando, universidad. En la casa —que, por un giro del destino, se había convertido en un auténtico tártaro—, escribía «poemas», que más tarde escondería en su mochila o en su buzón, físico y electrónico. En esos días escribía pura mierda. Cosas como: «qué daría por al menos ser tu Dante y tú mi Beatriz» o «porque escribo tan solo para que ella lo lea y para recordar que jamás podré estar a su lado». Mierda que sin embargo yo quería que ella leyera, porque sabía que nuestra relación existió solo gracias a mis palabras.

Me daba contra la pared por estúpido, por cobarde, por no haberla buscado cuando ella estaba en aquel pozo, por no poder sacrificarlo todo por verla, por quererla cuando no estaba junto a mí, por obedecer a mis padres y por prudente.

También me cuestionaba a menudo, ¿había gozado alguna vez de momentos tan sublimes y tan inolvidables? ¿Quizás durante los veranos en los que jugaba con mis hermanas a tirarnos bombas de agua? ¿Acaso en las estadías en la casa de mi tío donde me perdía en el bosque, caminando por las estrechas veredas que ya hace tiempo retomó la naturaleza? ¿Cuándo me reía hasta que se me empañaban los ojos? ¿Cuándo traducía mis emociones al español? ¿Cuándo disfrutaba de la prosa de Flaubert?

IX

Muchos meses más tarde pude «renacer», si se me permite. No encontré a Dios. No hablé con ningún gurú. No salí con muchas mujeres para luego advertir que las usaba para olvidarme de ella. No tuve una conversación trascendental con mi mejor amigo. Nada de eso. Salí con amistades y con mujeres, viajé a ciudades, a campos; y dejé de escribir bien. Y tras varias lunas llenas, poquito a poco, se ha esfumado, o más bien, ha disminuido, porque siempre persevera una gota en el fondo, un peso, aquí en el pecho, que ni se evapora ni se avena. Cuando a veces me dan ganas de escribir poesía, ella todavía ronda por mi mente, inspirándome, matándome.

Ignacio Méndez: [Fricción y Ficción]

by 16.5.15



Hmm, dijo el joven escritor, será un trabajo de fricción que requiere ficción. Mucha ficción en mi caso, se dijo. La tendré que frotar y torcer hasta que las palabras broten y aparezcan de su abismo. ¡Oh, perdón! En mi caso no es un abismo sino una percha en la que me sentaré y de la que luego saltaré a mi gusto, a mi gloria. 

Empezaré con un poco de poesía para ir sentándolos a todos en la mesa, para que vayan tranquilizados y más listos y propensos a seleccionar los vinos más caros. No puedo usar demasiado la poesía, es un amante de cortejo fácil pero de cercanía inmediata, que convierte a buenos mentirosos en honrados suplicantes. Oh sí, el cuento se dijo a sí mismo, ¿hmmm, noche fría adornada por el lecho caliente? ¿Día tardo con el pedazo atorado? ¿Cómo hablo del órgano sexual de mi protagonista? ¿Su Falo empuñado? ¿La verga que viene? ¿Miembro? Considerando mi historia de conquistas con el género femenino, ¿será un Miembro muy VIP? ¿Órgano? A menos que sea Bach, yo no quiero oír a nadie tocando el órgano. ¿Glande? No, no, no, ¡¡NO, NO!! Eso suena a mi nutricionista recomendando un suplemento para una dieta que ignoraré, y no al mastodonte penoso que arrancará el éxtasis de esas curvas sin explorar que quiero explotar. 

Whoops, mala mía. Estoy cayendo en primera persona cuando se supone que sea otro que cuenta mis pecados sin confesar ¿...Balano? Suena como una fruta. Además, las frutas tardan demasiado en madurar. Sería una novela y no un cuento lindo y empacado. Durará mucho con demasiado sudor. Tercera persona y no he preparado el aperitivo. Cuanta crema voy a usar para el postre en este curso culinario literario. ARRRGGHH, me odio, ¡¡me odio mucho!! ¿Abrechocho? No soy tecato ni mendigo de palabras. Quiero torcerlos, quiero machacarlos, pero esto es un canvas con dignidad. Mis vinos son los mejores y ninguna tinta será derramada en papel herético de mercado abierto a tres dólares. Me encantan las portadas de esos libros, ¡eso sí! Suficiente piel mostrada para que la carnada libere a la frustrada o al frustrado de su prisión encarnada por falta de pecados carnales. Qué muchos cristianos se quedan virgen. Triste, en especial cuando su salvador y su padre (guiño, guiño) podían trabajar la madera tan bien. Soy un idiota. No puedo dejar esta oración: los cristianos frustrados serían y lo serán, si me callo, mi mejor audiencia. ¿Qué me pasa? ¡Sé amistoso hombre! 

Ahora el diccionario, ese oráculo tan ignorado hoy en día, para buscar la palabra correcta, para la, la, la.... gloriosa reproducción femenina que conocemos como…¿como el túnel del amor? ¿Vagina? No. Ese es el nombre de la vecina y el lector lo juró y perduró en esto. Ella llora como una también. No había visto tan grande gasto de saliva desde la clase de ciencia. Tercera persona. Tercera persona. Este cuento me esta rozando mal. ¿Coño? ¿Eso es una palabra mala? ¿Por qué la maldeciría? A todos los recibe y a todos los llora cuando se van. ¿Concha?... oh, oh, Freud, váyase a la mierda. Estoy usando mi cabeza demasiado en vez de su cabeza. Un momento protagonista, necesito agua para aclarar mi mente y limpiarme. ¡Listo! Esto es horrible, mi protagonista. Mucha ficción y poca fricción en este pedido tardío. 

Honestamente esto es un cansancio para mi protagonista. Lo froto y froto y pido un deseo. Me siento cansado y sudado, pero nunca termina. Quisiera que terminara pero no con tantos finales falsos. Yo ya lo considero un ejercicio y nada más. Yo quiero un abrazo y ojos deseosos. Quiero por querer, dejo por dejar. Es un círculo en vez de una línea recta. Ya estoy mareado y aún me esperan cincuenta giros más. Quiero terminar y tú todavía no has comenzado. Pero, pero, balbuceaba el protagonista, yo quiero. La próxima vez habrá más verbos y menos anhelos y sus adjetivos correspondientes, lo prometo —le dije ya harto. Cállate, cállate por favor. Era mi historia y tú la robaste. Ladrón de palabras, ¡ni una me concediste! dijo, tú que llevas la profesión del mentiroso a tu imagen y semejanza. Tú me creaste y qué mucho veneno has escrito hoy. Hipócrita en-palabrado, quizás te amen si te callas por un momento, en vez de convertir a tanta tinta en estiramientos inútiles de tu éxtasis de enhenarnos con la tinta oscura que siempre coges. Blasfemos colmillos, ¡mátenme ya! Quizás seré el sueño de un cuervo cínico y adivino, un gato travieso o un oso de furia y no de una serpiente sin piel que pelar. Adiós. Qué vergüenza, qué vergüenza. Siento a la computadora suspirar y callarse mientras dejo presionado el botón, borrando las palabras para siempre. Algún día podré ser Protagonista. Pero no es hoy. Me duele la cabeza. No nada salió correcto. Tendré que empezar todo de nuevo. Lo siento, lo siento mucho. Lo lloraré, pero más tarde. El libro cerró y otro abrió. El narrador entonces se fue durmiendo, soñando el sueño de todo cínico: imágenes en estática (puestas en reversa chillando y arrastradas por todos lados) y gris en blanco, sin rumbo alguno. Y fue, justo cuando sintió el beso final de Morfeo, que la casería dio fruto y la presa se alertó en la noche de media luna. El arco se dobló en tensión, mientras que la boca sonrió; pero la marioneta se sumergió en las arrojadas sábanas blancas, un bocado más, antes de ser tragado y escupido a la gris mañana infernal llamada Capitulo 1.

Alejandro Pérez: [Lucha libre]

by 15.5.15



Puedes morder.
Te va a gustar.
Voy a quedarme.
Voy a entrar.

¿Él?
No, tú.
Sí, él.
Vas a morder.

Te vas a quedar.
Dentro.
¿Él?
No, tú.

Vas a entrar.
Te va a gustar.
Me gustan estas.
Bien adentro voy.

Desde aquí.
Atángana.
Con cariñito.
Con gozo pentecostal.

Grace S. Matos: [Hipotálamo I]

by 15.5.15

Nishka Carrasquillo: [Autoretrato]

by 15.5.15

Ivana Alonso: [MOMA]

by 15.5.15

Omayra Muñiz: [Consume] & [Sistema]

by 15.5.15

Juan A. Rodriguez: [Sin título I]

by 15.5.15

Ángela Orozco: [Spanglish]

by 15.5.15


Mami siempre me decía
que cuando era chiquita
profesaba Maná en las misas de los domingos por la mañana
parada como pequeña sacerdotisa
en el altar de nuestro Señor de los beats playeros.

Y me decía que
por las noches los coquis cantaban canciones de cuna para ayudarme a dormir
debajo de la frisa de las estrellas orgullosas
que me velaban como mamá pollito.

Pero de repente, Papi, militar,
nos llevo al Land of the Free
and I became a gringa singing the national anthem with my hand firmly over my heart
like I meant it,
el ritmo y la salsa que seguramente corrían por mis venas
como caballos de carrera,
se secaron con the cold.

And there was no Maná
and there were no estrellas salvajes
or
the scent of arroz y habichuelas
recién hechos por abuela,
not that I would know, my memory
had been shot down, ¿entiede?

So I grew all white and nice,
got confused when someone would point out that the dot next to Florida
was an island, not a smudge.

Fast Forward >>
suddenly San Juan opened its mouth in a big O
because
the gringa once again walked on the brick street
with a little salsa baile left in her hips,
still tied to her past, still living in the present
unable to choose English or Español, one language or the other
(no political statement intended)
Dancing awkward
bachata,
singing,
very tangled Cultura Profética
volviendo a creer in Maná, después de varios años de separación,
gozando un de gringo loco llamado Ricky Martin
and still going to the movies to watch Captain America

with a Wonder Woman t-shirt
with a purse from los artesanos
after going to the Iupi.

You all thought
I was going to be a forever Gone Girl
but my false baptismo
lead to the birth of a hybrid;
Frankenstein and I
split the rent
and on Puerto Rican domingos, we laugh in our hamacas
because noboby knows how to
contain our mixed blood anymore

and nadie sabe
what to make of the
nerdy-weird-gringa-turned Something Rican

and her Spanglish that tumbles out of her lips like ice cubes
about to cool the heat
of a mixed país con crisis de identidad
that, to make a quick history recap,
was converted into cristianismo español
to be re-taken by American English
leaving an awkward island standing next to America Latina unable
to talk todo español,
pissing off la Real Academia Española
with Spanglish
de la misma manera que yo digo disparates
that show what I am.

Natalie M. Colón: [Poultry or lack thereof]

by 15.5.15


I was raised a vegetarian, and when I say raised vegetarian it means that since birth my parents never fed me or allowed me to eat any meat. None whatsoever. I never tried meat until I was about six or seven, and even then it was hidden from my parents at a neighbor’s house, hidden from his parents too, since they were very good friends of the family and we thought they would tell on us. My brother, my neighbor and I would sneak into their kitchen, making sure no one was around, and get some slices of bologna ham and gobble them up in a rush of fear, adrenaline and the allure of the forbidden. But that is as far as we went. We were children, and as far as my brother and I were concerned, our parents were Gods, and I suspect that our little ham transgressions had more to do with our neighbor’s mischievous nature (he was more prone to disobedience) than with our need for meat. My brother and I were content with our lot, never missing what we had never had. 

Aside from the ham, at school and at other friends’ houses we would be extremely obedient, even helping those poor clueless mothers who were on the verge of a nervous breakdown because they could not imagine a meal without meat. “But, what do you eat?” They would ask, puzzled. We would patiently and compassionately ask them: “Do you have any rice?” “Cheese and crackers maybe?” A relaxed expression would take over their faces and a sigh of relief would involuntarily explode from their lips. The little children would not starve without meat, much to their surprise. 

We handled gracefully the constant questions and the frequent “but you can have fish right? Fish is not meat!!” We never suffered any serious teasing due to our diet. Other kids were more curious than offended or frightened, and their mothers were fine with it, once they got over the initial shock and figured out what to feed us. Everything was fine, 

until the day we tried chicken. 

We were at our neighbor’s house when his mother, who did not know we were there—it was the eighties, before cell phones and text messaging—arrived with a friend of hers, Lima. They had brought home a bucket of Kentucky Fried Chicken to enjoy. Lima, who disliked my father, offered us some chicken; drumsticks to be exact. We refused, as I said, we were very obedient and the thought that we could just stop being vegetarians and eat meat had never occurred to us. We kept explaining to her about our diet, even though she knew about it. She kept insisting. We said our father would not let us and we would get into trouble. This would have been enough for most adults, if your parents did not allow you to do something it was their responsibility to not let you do it either; it was the unspoken parent code. But it wasn’t enough for Lima. She insisted and she told us our father would not be mad, that we had her permission and that our father would be proud of us if we tried chicken for the first time. She even said we should take the bones to our dad, so we would have proof of having eaten the chicken and he could properly congratulate us. She made it seem like a big deal, like a milestone we were supposed to hit, whose time had come. We were excited for our first time and we accepted. We enjoyed our chicken. With greasy faces we crunched on the delicious skin, without guilt or worry because we had “permission.” When we were done we took our bones and we ran home. We came in through the kitchen door and found our father there. We excitedly showed him the bones and gave him the good news, we had tried chicken for the first time. His face went blank and filled up with a quiet rage. He was mad at us, extremely mad. With a condescending tone that tried to mask unsuccessfully the anger inside, which I’m guessing now must have sounded like an understanding tone to him, he explained to us why we didn’t eat chicken, why it was wrong. Keep in mind we lived in the country and had chickens in our back yard. They were our pets; they had names. He said it was as if we had killed one of them. He said it was murder. He said eating any kind of animal was murder and that my brother and I had just become murderers. To be exact the word he used was “asesinos.” My brother and I did not cry, we were too ashamed to cry, we were now criminals, not victims, and crying is a luxury allowed only to the injured party. Murderers do not cry, they carry their guilt inside, and we did. Our father hated us now, we had gone beyond the limits of what was moral in our house, and our father never forgave us. He never gave an understanding word or an explanation that would put the blame where it belonged, Lima.

We never ate meat again until our parents divorced. We were with my mother at the supermarket and we started poking the packages of uncooked meat as we usually did. We were not used to the sight of it and it filled us with awe. Then my brother, who was older, spoke. He dared say it, well actually no he did not say it. What he actually did was grab both my mother’s hands and say: “Mom can we have… you know?” She did not know, and answered: “What honey?” probably thinking he wanted junk food or snacks. He insisted, “You know…” and touched the uncooked chicken inside its plastic wrapping. Genuinely surprised she said “Oh” and looked at my grandmother with whom we lived now. They apparently decided yes with their silent glances and bought the chicken. By our excitement they guessed we meant that we wanted the chicken now, but they were too tired to cook for us so they took us to Church’s Chicken. They ordered the chicken and we sat down to eat it. After the first bite my brother stood on the table and screamed something like “Chicken finally, we’re eating chicken!!” I was more tentative. I looked at the chicken and then at my mother and I asked “¿La cáscara se come?” meaning “Do I eat the peel?”

Isabel V. Almonte: [Brunch]

by 15.5.15





Los mosaicos de la noche pintan
porque sí
ventanas al pasar.

Una pasa por allí entre esferas alcoholizadas,

(cuando no pasa nada y para que pase,
invocas a los tambores que te ayuden;
te montas a Oshun o al que sea
con tal de besar esa noche)

y se aprovecha una de la cobardía y
del saborcito lujurioso del whisky,

(que se cuela entre lenguas ansiosas de
tocarse con puyitas de cercanía inexistente)

para vivirse una la película;
ayudar la noche y los pasares: seduzco al Guayacán

dios de la Geometría
encarnación de masculinidad
tektōn de palabras

Pienso en mi intención
con la fría sábana hasta el cuello,

(que no era llevarte pa’casa, ni encontrarme
recostada en las posibles posibilidades de
despertarme sin querer besar la mañana anterior.)

después de las diez,
pones temas elitistas en la almohada
y hablas de

qué sé yo, yo no sé, qué cosa
del desayuno
y de tu café.

José Valentín: [Fotos]

by 15.5.15

Natalie M. Colón: [Una conversación sobre edición con Ivette Romero y Lizabeth Paravisini-Gebert]

by 3.5.15

Aunque Repeating Islands usa un medio de alta tecnología, el blog, para difundir el contenido, usa el criterio editorial de sus dos fundadoras para hacer la selección. La meta es hacer diez posts al día que abarquen una amplia gama de temas—arte, cultura, academia, entre otros—y que apelen e incorporen a un sector amplio de caribeños, incluyendo a la diáspora, algo ambicioso de por sí.

Su impacto ha sido de tal magnitud que el pasado 9 de abril de 2015, el Instituto de Estudios del Caribe adscrito a la Facultad de Ciencias Sociales en la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras rindió homenaje al frecuentado blog. Las fundadoras y editoras del blog, la Dra. Ivette Romero y la Dra. Lizabeth Paravisini-Gebert, hacen todo el trabajo del blog, desde selección de contenido hasta redacción y mantenimiento. Pero su gestión de publicar y editar precede al blog y se manifestó por muchos años en la edición académica y literaria.

Lizabeth Paravisini-Gebert ha sido editora por más de veinte años durante los cuales ha editado 17 libros, en su mayoría de literatura caribeña. Ha escrito seis libros y un sinnúmero de capítulos y artículos académicos.

Ivette Romero ha editado, junto a la Dra. Paravisini-Gebert, dos libros y ha publicado un sinfín de capítulos de libros y artículos académicos enfocados mayormente en la literatura y cultura caribeña. Además, es parte de la junta editorial de la revista académica Sargasso.

En el homenaje al blog, titulado Bloguiando y hablando Caribe, se discutieron temas amplios; desde los inicios del blog en el 2009, cuando la Dra. Paravisini le extiende a la Dr. Romero lo que ella llama «la invitación al viaje, L'invitation au voyage», hasta el impacto que ha tenido el blog a través de los años como herramienta de nexo e investigación. Sin embargo, se habló poco del ímpetu de edición literaria de sus creadoras.

Después del homenaje, Romero, Paravisini y yo aprovechamos para expandir esa conversación y hablar, además de Caribe, de edición.

Caminos Convergentes: Lo que me interesa discutir es la edición. Ustedes especialmente tienen una voz particular porque han sido publicadas académicamente, han editado literatura y colecciones de ensayos, y tienen una publicación en línea bien interesante. Me gustaría que hablaran un poquito de esas diferencias entre el mundo editorial académico y literario y de cómo compara eso con el trabajo que están haciendo de recopilar en Repeating Islands.

Lizabeth Paravisini-Gebert: Yo he trabajado en varias formas de edición. Por ejemplo, mis primeras dos publicaciones de libro fueron dos proyectos de edición, pero completamente diferentes.

Uno es un libro que se llamó Green Cane and Juicy Flotsam que es una colección de cuentos escritos por mujeres en el Caribe. Y eso era un proyecto de recopilar voces, un proyecto publicado en inglés que necesitaba traducción. Así que desde el primer momento fue escoger entre cuentistas caribeñas quiénes reflejaban mejor lo que era el estado de la escritura femenina en el Caribe en la década de los ochentas–principio de los noventas. Se publicó en el ‘91. Eso es un proyecto de leer; de leer cuentos, ver qué es representativo, qué es innovador, qué es lo que puede servir para llamar la atención del lector en general hacia una literatura poco conocida. Es un proyecto, más bien, de un poco de afirmación feminista, de establecer una presencia femenina en lo que era un panorama literario caribeño que empezaba a forjarse como pan-caribeño, pero que era fundamentalmente masculino.

Mientras que el otro, que se publicó el mismo año, fue una operación de rescate. Fue la edición, la primera edición desde la inicial en 1903 de, ¿cómo se llama?, Luz y sombra de…

Ivette Romero: Roqué

LPG: De Ana Roqué de Duprey. Y aquí esto es una operación de rescate; es la idea de no solamente recuperar un texto femenino de principios del siglo XX con una temática bastante de ruptura con las normas que regulaban la vida de la mujer en aquel momento, pero un texto que por esas mismas razones no entra dentro del canon puertorriqueño. Así que ahora estamos, casi noventa años después, recuperando ese texto, volviendo a ver como se editó en su primer momento: qué materiales de manuscrito hay que puedan ayudar a una reconstrucción del texto, si se dejó algo fuera, etc. Y luego una introducción para unos nuevos lectores y un como [decir]: “Hey chicos, aquí hay una novela de una mujer puertorriqueña de 1903”, feminista—pero feminista clara—un texto feminista y desconocido dentro del canon de Puerto Rico.

Así que estos son como dos proyectos de edición que tienen unas funciones bastante diferentes todas creo que partiendo desde una ideología feminista, una ideología de establecer unas presencias, de retar a este mundo dominante masculino de la literatura caribeña, y sobre todo del Caribe hispano, pero muy completamente diferentes. Requieren destrezas completamente diferentes de investigación, destrezas muy diferentes de edición, de un reto diferente de presentación al lector.

Así que en términos como editora dos cosas fundamentalmente diferentes. Aunque las dos son edición pero son una edición que no tiene nada que ver con la otra. Pero ese tipo de edición de textos, sobre todo en traducción, y también [está] la idea de decir: “Para que esto funcione como proyecto, hay que traducir”, o traducir yo, o buscar quien traduzca.

CC: ¿Por qué? ¿Para que llegue a un mercado más amplio?

LPG: Para que llegue a un mercado más amplio, exacto.

Y es un primer momento también en que el inglés se convierte en—pensando en cómo diseminar este proyecto—el inglés se convierte entonces en un poco de lengua franca caribeña. Hay que, a cierto nivel, decir: “El inglés es para llegar a la mayor parte de los lectores; esto va a tener que ser en inglés”.

Green Cane and Juicy Flotsam se publicó también en español, pero se publicó diez años después. (¿O más de diez?) Se publicó en el 2005, 14 años después, en Barcelona, pero con una repercusión muy diferente, para un lector español, para un lector europeo etc., con muy poca diseminación en el Caribe hispano.

IR: Debo aquí interrumpir a Lisa, para decir que después, en ese momento, lo importante es que esos dos tipos de edición diferentes también influyen a toda una serie de revistas. Principalmente, voy a empezar por el hecho de que yo era estudiante. Estaba terminando mi tesis doctoral cuando salió el de Roqué y después de eso lo incluí. Empecé a hacer mi investigación. Lo pude incluir en artículos. Y yo sé que también hubo toda una generación de personas que empezaron entonces a publicar usando materiales de Green Cane and Juicy Flotsam y también del libro de Ana Roqué, que también son ediciones que influyen en la edición de revistas y, bueno, en las tesis doctorales que se han escrito después de eso, por ejemplo.

CC: Me está dando la impresión de que en el trabajo de ustedes, desde el principio, hay una intención de dar voz a lo que no se ha oído o a lo no se oye, lo que hace falta que tenga un megáfono.
LPG: Sí.

IR: Sí.

CC: Y me parece entonces que están dando un megáfono que es una máquina en el tiempo que viaja al mil novecientos y pico y dice…

LPG: ¡Aquí estoy! ¡Hablen de mí!

Es igual con un proyecto que es del mismo año, del 1991. Yo edité un proyecto con Margarite Fernández Olmos, que a mí me pareció fascinante en el momento, que se llamó—que fue en español primero, luego se publicó en México, en Planeta—El placer de la palabra y es una colección, otra vez de mujeres, de literatura erótica femenina de América Latina, con muchas caribeñas dentro del grupo. Ese fue un texto con mucha repercusión. Se publicó en inglés; se publicó en alemán. Es otro como ese momento de: “¡Aja! Estas mujeres están escribiendo literatura erótica”.

Y otra vez selección, como editora, selección, tener un concepto muy, muy claro de lo que es erótico, pero que no sea pornográfico, o sea, que sea sensual, dinámico.

Pero como editor, sobre todo, que casi todos mis proyectos de edición han sido proyectos de colaboración con otra, o con Margarite Fernández Olmos, o con Carmen Esteves, o con Ivette. Pero [está] la idea de estar en un diálogo sobre qué entra dentro de los parámetros que uno ha soñado, en términos de lo que entra o no entra dentro de ese concepto: qué es caribeño y qué no es caribeño, qué es erótico y no pornográfico, qué tiene calidad, o qué tiene calidad pero no va a tener entrada dentro de los lectores que te imaginas, el implied reader. Si vas a editar, tienes que tener un implied reader.

IR: Y también es abrir otra perspectiva. Porque también muchas de las mujeres que publicaron eran mujeres ya publicadas, pero nadie las había leído partiendo desde lo erótico. Se habían leído en otro contexto. Y eso me parece muy bonito de ese proyecto. Simplemente, abre otra mirada totalmente diferente.

LPG: Sí, y un proyecto que también abre una brecha nueva de investigación. De momento hay conferencias, hay ensayos. Es como añadir algo más.

Porque yo creo que eso es lo que tienen los proyectos de edición, que normalmente están ahí, si estás bregando en un mundo académico, para decir qué campo, qué perspectiva, qué acercamiento teórico, qué metodología no se han usado hasta ahora para estudiar esto. Y el proyecto de edición es eso: como imaginarte un nuevo acercamiento a algo que quizás se conoce muy bien, pero no.



IR: Exacto. Y también una labor de divulgación de algo que ha estado tal vez escondido, simplemente—no escondido—sino que no se le ha dado un realce.

LPG: Y el proyecto que tú esperas, en cierto modo quieres, que alguien rebase. Una de mis grandes frustraciones con Green Cane and Juicy Flotsam es que no ha habido una respuesta a ese texto. Son 24 años. Hay generaciones nuevas de escritores, de cuentistas caribeñas. Hay nuevas generaciones.

¿Dónde está el volumen que recoja a esas mujeres? ¿Cómo puede ser que ese libro todavía esté vendiéndose como representativo de la literatura femenina caribeña?

Es una edición cuyo sell by date, cuya fecha de vigencia ya está caducada. Es un buen proyecto, pero es un proyecto histórico. Es un proyecto de su momento, y ya, para mí, ha caducado.

¿Dónde está el editor nuevo que va a decir: “necesitamos retratar a esta generación”? Aunque no sea como mujeres.

¿Ya quién quiere editar un proyecto de mujeres en el Caribe?

Quizás gender, quizás género.

Pero mujeres por el hecho de que son mujeres, hemos pasado, hemos cruzado ese charco.

CC: ¿Y eso es algo bueno?

LPG: Yo creo que es algo bueno y que debería manifestarse en nuevas ediciones, porque la perspectiva de Green Cane and Juicy Flotsam es feminista, de recuperar voces. Hay otras cosas, ¿no? Ahora sería lindo ver en la cuentística caribeña cómo se refleja el género, sean los escritores hombres o mujeres. Pero no es el momento de una edición de mujeres. Ya eso, como que ya pasó, simplemente por ser mujeres.

Uno puede editar mujeres por otras cosas, pero mujeres por ser mujeres y no las reconocen ha caducado. Pero uno siempre piensa que puede hacerse algo nuevo.

CC: ¿Y lo harían ustedes?

LPG: No.

IR: No.

CC: 10 post al día…

LPG: Sí, pero entonces uno dice: “Yo no voy a editar más”, pero estamos editando. La idea es que no es que estamos, pero estamos editando…

IR: y divulgando todavía.

LPG: Y divulgando. Estamos editando en Repeating Islands, porque es un trabajo constante de edición: qué va, qué no va, qué ponemos, qué no ponemos, qué resultaría interesante, qué no resultaría interesante etc.

Pero también estamos haciendo un proyecto de edición y traducción de los cuentos de Ángela Hernández Núñez, la escritora dominicana, que son 30 cuentos. Es una edición de 30 cuentos que estamos, ya, bueno ya están las traducciones; ya hemos hecho la selección. La selección la hicimos hace tiempo. Pero también es una:

“–¿Te gusta? ¿No te gusta? –No me gusta…”

CC: Háblenme un poquito de eso. ¿Cómo es eso? ¿Hay una conversación?¿Cómo funciona? ¿Es mejor cuando está esa colaboración hacer ese tipo de edición, cuando hay alguien, un sounding off?

LPG: ¡O claro! ¿Tú no crees?

IR: Oh, sí.

LPG: Sí, sí. Ivette tiene más: “no”. Y yo soy como más: “tiene esto, tiene aquello…” y Ivette es más como: “no”.

IR: Hemos trabajado en dos colecciones, las que mencionó Lowell [Fiet]: Women at Sea y Displacement and Transformations in Caribbean Literature and Culture y recuerdo que hubo muchísima conversación.

LPG: Sí

IR: Y algunas cosas tan obvias. Sabíamos a quiénes queríamos para que escribieran sobre ciertos temas o gente que estaba trabajando ciertos temas.

LPG: Micromanaging.

IR: Sí, exacto. También hubo momentos en que decíamos: “Bueno...” o Lisa decía: “Esto puede caber dentro de este parámetro porque…” con una gran generosidad y yo le decía: “No lo veo, yo no lo veo”. Pero a veces también me convencía. La conversación es esencial.

LPG: Sí, es mucho más divertido editar en equipo que editar solo.

IR: Sí.

LPG: Mucho más divertido.



LPG: Hay proyectos que no tienes opción. Por ejemplo, yo acabo de terminar una colección de cuentos de José Alcántara Almánzar, otro cuentista dominicano. Y él mandó los cuentos y ahí no había: “Este no me gusta, este no me gusta…” Yo le hablé de que íbamos a hacer el proyecto. Bueno, me contactó él y cuando yo le dije: “Sí bueno yo los traduzco y los edito, y lo hago”, él me dice: “Esto son los cuentos”.

CC: ¿Esto es lo que va, no quiero que quiten ni pongan?

LPG: Y entonces, ¿quién le dice a José Alcántara? Yo, que le tengo mucho respeto, no le voy a decir: “Ay, José no…” No. Lo que José quiere es lo que se incluye.

Mientras que Ángela Hernández miró la lista, dijo: “Este sí, este no, qué te parece este, pero lo que ustedes quieran”. En ese sentido, pues, trabajar en equipo, especialmente cuando uno está consultando con los escritores, cuando es material original, cuentos, literatura, no colecciones de ensayos de otros académicos, siempre es mejor tener a alguien, un sounding board.

IR: Y lo mejor es tener un equipo donde a cada cual le guste un aspecto. Por ejemplo, a mí no me fascina la traducción. Lisa es muy diestra. Tiene esa destreza.

LPG: A mí me gusta.

IR: Yo soy demasiado—cómo se diría—OCD, compulsiva, obsesiva y me tardaría diez horas. Si ella se tarda una hora, yo me tardaría diez horas en traducir el único cuento.

Pero también, por ejemplo, en un momento nos dijeron en una editorial, no sé si fue para Women at Sea: “Bueno si quieren pagar tanto, varios miles, para que hagan el índice, pueden pagar o lo pueden hacer ustedes”. Y Lisa dijo: “!Ah, olvídate! Se va así, sin índice”. Y yo: “No, no se va sin índice.” Y descubrí que a mí me fascina ese trabajo minucioso de estar buscando página por página y armando el índice. Así que funciona mucho mejor cuando podemos compartir labores también.

LPG: Y así hay un balance de destrezas e intereses. Porque yo soy (snaps fingers), para mí la velocidad es el valor fundamental. Yo tengo un concepto del trabajo académico, incluyendo la edición. Yo soy muy poco perfeccionista. Ivette es mucho más perfeccionista.

Yo soy muy poco perfeccionista y para mí, el trabajo—soy cuidadosa—pero el trabajo académico yo lo veo como una intervención en una conversación en un momento dado. Así que el que esté fuera, el que esté disponible es más importante para mí que el que esté perfecto. Porque si quieres participar en la conversación, tienes que arriesgarte. Tienes que lanzarte un poco con los ojos cerrados, y decir “esto es timely—lo que llaman timely en inglés—esto es timely y tiene que estar.” Porque si no, no entra en la conversación, y por lo tanto, para mí el mover, que el material este presente y la vigencia es más importante. No es que no tenga cuidado de la calidad, porque soy cuidadosa y lo valoro mucho. Pero yo valoro la intervención en la conversación, la idea de que el material salga. Por eso el blog es como: “Bueno ahí está”. Está presente. Está vigente. Es accesible.

IR: Lo cual es importante recordar cuando estés terminando la tesis doctoral. Esas palabras. Hay que sacarlo.

LPG: Sí, hay que sacarlo.

IR: No seguir.

CC: Sino, eso es un bebé que uno nunca pare.

LPG: Exacto.

IR: Exacto.

LPG: Para mí eso fue una lección de una persona del comité de mi tesis que me enseñó lo que dice en la tesis: “this is a partial fulfillment of the…” Me dice: “Este no es el libro. Este es el proyecto que tiene que entrar dentro del discurso y a diez años de aquí, no va a significar nada. Es ahora cuando tiene que estar.” Y eso yo creo que para mí, como editora, ha sido fundamental. Que el momento es el momento, y no se puede perder el momento. Hay cosas que tres años después no tienen las mismas repercusiones porque el momento era ese. Y a mí me parece que el blog se presta muy bien.

CC: En el blog, ¿hay esa colaboración entre ustedes dos? La conversación de qué publicamos y qué no, qué incluimos o no, ¿o eso funciona de otra manera?

LPG: A veces sí, a veces no.

IR: Especialmente cuando a mí se me olvida dos días más tarde que ya Lisa había publicado exactamente lo mismo…

LPG: A veces ponemos las mismas cosas.

IR: o yo misma.

LPG: A veces sí, a veces no, dependiendo. Pero yo creo que tenemos una idea clara de lo que va y lo que no va.

IR: Sí, es cierto.

LPG: Yo no nunca he mirado el blog y he pensado: “Eh, ugh. ¿Por qué puso…?”

IR: Yo a veces pienso algo así. He pensado: “No estoy segura pero bueno…” y se va.

CC: Pero a lo mejor tiene que ver con la personalidad de la que estábamos hablando.

LPG: Es posible. Es posible.

IR: Yo siempre me quedo con la duda de que “Um, no sé”, pero se fue.

LPG: Yo no tengo duda. Yo soy tremendamente impulsiva. Ivette es más… Tú eres más…

CC: ¿Y funciona?

Ambas: Umm, Sí.

LPG: Sí. De funcionar, funciona.

IR: Pero a veces también, simplemente, una cooperación que surge naturalmente. Por ejemplo, si yo sé que a Liza le fascina un escritor y veo que ha salido algo. Y pienso: “Mira, a ella le gustaría más poner algo sobre ese tema.” Y lo mismo si ella ve que hay algo que me interesa más a mí, dice: “Mira salió algo tal…”

LPG: Ivette es más dedicada a la traducción. Tú eres más cuidadosa en el sentido de traducir, de cosas que solo están en francés o solo están en español y yo tiendo a: “No tengo tiempo de traducir” y lo dejo. Yo creo que tú eres más cuidadosa que yo.

IR: Yo detesto traducir.

CC: Sé que se nos acaba el tiempo, pero para finalizar, si tienen algo más que nos quieren decir, porque somos un grupo de estudiantes, futuros editores, un consejito, una orejita, un adiós: ¿qué nos dirían?, ¿es demasiado pedir?

LPG: Yo te diría, envuélvanse en la edición que es un trabajo fabuloso, que ofrece grandes cantidades de recompensas personales y académicas. Crea comunidades, me parece que eso es fabuloso. Te da una sensación, te da una experiencia, que a mí me parece que es fundamental para alguien que está haciendo el trabajo de nosotros, de humildad ante la calidad de los trabajos de tus colegas, de los escritores. Te da una sensación de la generosidad que tiene la gente, que es fabulosa, y que tiene unas recompensas que van mucho más allá del esfuerzo que se pone.

IR: Yo diría que lo más importante también sería conversar, la conversación entre ustedes. Porque yo creo que no hay nada más triste que estar cada cual aislado trabajando separadamente porque eso crea una serie de, no solamente de conflictos, sino que se dejan espacios abiertos donde se podrían llenar con esa conversación y colaboración. Esa sería para mí la idea más importante: que colaboren y conversen y que sigan conversando.



Esta entrevista ha sido editada para claridad y corrección.

Isabel V. Almonte: [Entrevista al escritor Noel Luna, "una de las voces más relevantes de la poesía puertorriqueña"]

by 3.5.15


No fue por accidente, sino por recomendación, que llegó a mis manos el que se convertiría en uno de mis poemarios de cabecera, Teoría del conocimiento (2001), del escritor Noel Luna (Santurce, Puerto Rico, 1971). Llamó mi atención no solo su excepcional dominio del lenguaje, sino también la transparencia que se encuentra en sus textos. Fue co-editor del libro Ricardo Piglia: Conversación en Princeton (2000) y editor de Fiel fugada: Antología poética de Luis Palés Matos (2008). Su poesía ha sido reconocida en certámenes auspiciados por el Ateneo de Puerto Rico (1996), El Nuevo Día (2000), El Pen Club (2003) y el Instituto de Literatura Puertorriqueña (2006). Este autor, incita a meditar acerca de los límites de la escritura, a cuestionar como se maneja ésta, y a descansar del popular lenguaje auto explicativo.

Para lograr una perspectiva íntegra de la poesía de Luna, es necesario un análisis desde su contenido generalmente autónomo hasta su estilo estético.

Sus obras transitan por las dimensiones de la metapoesía. Representa esa zona de la percepción humana cotidiana que supone ser el pensamiento. Por esta razón, el autor desarrolla una cierta intensidad filosófica, que se podría manifestar en su registro, con la ilusoria forma de una voz omnipotente.

La poesía de Luna descansa de la rima, aún así, no deja de utilizar ocasionalmente diversos recursos literarios y, para pulir sus composiciones, la métrica. Su poemario Selene (2008), enfrenta la relación titulo-poema, mediante la estructura propia del libro. En este, el autor incluye un índice de títulos para sus poemas, que en vez de colocarlos tradicionalmente en el encabezado de la página, sólo los enumera, logrando que el posible efecto temático que puede causar el factor título, no encierre al lector al pasar las páginas. Creo que parte de su creación, es una nítida expresión del conocimiento esencial que le corresponde a la literatura, o bien, de cómo se maneja información.

También es autor de otros poemarios como lo son, Hilo de voz (2005), Música de cámara (2009) y su más reciente poemario, La escuela pagana (2014), uno de los libros más vendidos el pasado mes en la librería La Tertulia, en Río Piedras.

Estudió Ciencias Políticas y Literatura Comparada en la Universidad de Puerto Rico, y se doctoró en Poesía Latinoamericana en Princeton University. Actualmente se desempeña como escritor y Catedrático de Literatura Comparada en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

Son muchas las consideraciones que hacen que la obra de Noel Luna sea fundamental para dialogar con cierta literatura, en especial con la puertorriqueña. Puede sugerir la lectura del autor puertorriqueño Luis Pales Matos en muchos de sus textos, como de igual manera puede estimular creaciones literarias emergentes.




-ENTREVISTA-
lunes, 20 de abril de 2015

El equipo de trabajo de la revista electrónica, Caminos Convergentes, realizó un sondeo en las principales librerías del país. Su último libro, La escuela pagana (2014), fue uno de los más vendidos en la librería La Tertulia en Río Piedras. ¿A qué cree que se deba esto? ¿Piensa que parte del éxito del poemario radica en la estructura misma de los poemas? ¿Considera que este libro rompe con el patrón de sus obras anteriores?

Voy a empezar por la última. Sí, este libro rompe bastante con el patrón de mis libros anteriores. Sobre todo porque yo a propósito estaba buscando cambiar de ruta. Este libro lo concebí como un intento de comenzar a trabajar cosas un poco distintas a las que estaba haciendo antes para ver si eso me ayudaba a cambiar de ruta como poeta. Pero no del todo. Quería cambiar y ampliar algunas cosas. Como por ejemplo, hay toda una sección del libro que se titula “Nuevo arte de injuriar”, en la que figuran poemas bastante irónicos algunos, bastante violentos otros. Porque me parece que cuando pensamos en la poesía solemos pensar exclusivamente en los buenos sentimientos y en las cosas lindas, y no nos damos cuenta que a lo largo de los siglos, la poesía ha sido muchas otras cosas, lo feo, lo repugnante, a veces también la rabia. Yo quise incorporar algunas de estas cosas, también el humor.

La escuela pagana es una compilación de poemas de 1,500 a 2,500 años atrás. Todos son traducciones excepto uno que otro, que son míos y que yo los disfracé de traducciones. La mayoría son traducciones hechas de traducciones. Los poemas que lo constituyen son escritos en griego antiguo, y como desconozco el griego, lo que hice fue que por años estuve leyendo traducciones al inglés y a español de estos textos y hacer mis propias traducciones. No a partir del original, sino a partir de múltiples traducciones que ya conocía y que están en la bibliografía del libro. Yo creo que, si comparamos La escuela pagana con mis libros anteriores, una de las cosas que se pueden ver a primera vista es que el libro está hecho con un lenguaje mucho más claro. Hay una voluntad de claridad en el libro. Hay una voluntad de decir cosas incluso muy complejas a partir de palabras lo más claras posibles y eso para mí constituyó un taller de cinco a seis años trabajando, porque una de las cosas que quería buscar en eso que yo llamo cambio de rumbo poético era clarificar todavía más mi lenguaje. Desde que empecé a escribir mi norte ha sido la claridad y todavía hay mucho que hacer. La escuela pagana ya muestra parte de esa trayectoria hacia la claridad.

Pues mira, yo no sé. Yo creo que el libro una de las cosas que tiene es muchos poemas pícaros y poemas mucho más claros de lo que yo suelo escribir. Hay mucha variedad; hay muchas voces ahí. Tiene cosas para que mucha gente diversa se identifique. Yo no quería hacer un libro con una sola voz, quería hacer un libro con una multiplicidad de voces. Por otra parte el libro quedó muy bellamente editado por Follium Editores, y creo que también eso es importante destacarlo. Pero realmente no te puedo contestar por qué se ha vendido tanto, no lo sé. Habrá que ver qué significa eso en un país tan pequeño como este. (risas)

Como analista literario, ¿cuáles son sus criterios para que una obra literaria sea considerada buena? ¿Qué cosas disminuyen el potencial de hacer buena literatura? ¿Qué piensa de la Biblia?

Primero, para mí, para Noel Luna lector, sobre todo adicto a la lectura, el criterio fundamental para que yo defina algo como buena literatura es que estimule de inmediato mi curiosidad. Me gustan las obras que no me dirigen lo que quieren presentar. Me gustan las obras que me obligan a trabajar, a buscar. El ejemplo más claro que te puedo hacer es cuando empecé a leer literatura y descubrí que los libros me gustaban; descubrí a Jorge Luis Borges, y me parecía un autor bien difícil porque estaba lleno de informaciones y de referencias que no conocía, pero por eso mismo me enamore de él. Había tanto en Borges que yo no conocía que para mí empezó a funcionar casi como una enciclopedia. Es decir, yo lo leía y él me obligaba entonces a ir a la biblioteca a buscar información sobre cosas. Para mí, eso es muy importante en la literatura, que estimule mis ganas de seguir buscando. Por otra parte, tiene que estar muy bien escrita. Con “bien escrita” me refiero a ideas claras, aunque sean cosas complejas y oscuras. Esto es un gusto personal. Hay escritores, artistas o lectores que gustan más de obras literarias Barrocas, Herméticas. Yo no, a mí me gusta la claridad en el Lenguaje, por lo tanto es un criterio que para mí es importante.

¿Qué disminuye el potencial? La condescendencia, cuando un autor siente que tiene que estar explicándole al lector lo que quiere decir. Es decir, cuando un autor constantemente corta la curiosidad del lector. Para mí eso es malo. Me parece que la literatura no es idéntica al periódico. El periódico tiene una información que te transmite, te informa y se supone que termines con una claridad desde el punto de vista informativo. En ese sentido la información está digerida. La literatura de nuestro tiempo peca mucho de eso, que somos condescendientes y explicamos demasiado lo que escribimos. Yo creo que hay que apostar por la inteligencia del lector.

… ¿Qué pienso de la Biblia? Mira, la Biblia es uno de los grandes libros de la humanidad. No me defino como cristiano, aunque tengo que decir que mi educación ha sido totalmente cristiana y eso es algo que uno lleva en los huesos toda la vida, pero digamos que la biblia para mí no es un libro sagrado. Es un libro muy bello, que hay que leer. Es un libro que estimo mucho, porque nuestra cultura en gran medida sale de ahí, ¿no? A mí me interesan mucho dos cosas de la Biblia. Algunas historias especificas, pero sobre todo me interesan las partes mas poéticas. Por ejemplo, si me preguntaras cuáles son mis libros favoritos, te mencionaría tres, El Cantar de los Cantares, El Eclesiastés (desde que era pequeño, es un poco sombrío, un poco pesimista, pero es el que realmente más me gusta) y Los Salmos. No he leído la Biblia completa nunca. Es un texto al que vuelvo de vez en cuando. Recientemente, por ejemplo, estuve releyendo algunos libros que me gustan mucho. Pero pienso que hay que leerla independientemente de cómo uno se defina en el plano religioso.

Algunos de los libros que ha leído deben haber sugerido muy buenas ideas, ¿cuáles son estos libros? ¿Cuál consideraría como el más influyente en su obra? ¿Autor predilecto? ¿Tuvo o tiene actualmente algún mentor?

Son tantos, voy a mencionar los que para mí son más obvios, porque podríamos hacer una lista larguísima aquí. Más que de libros te hablaría de autores. Yo te diría que Jorge Luis Borges y Luis Palés Matos. En los últimos veinticinco años, para mí han sido no tan solo dos autores predilectos, sino que han ido construyendo mi propia visión del mundo y de la literatura. Son dos autores muy distintos. En el caso de Borges, lo más que me ha interesado es su capacidad de jugar con la erudición, su capacidad de hablar sobre cosas muy eruditas y nunca dejar de jugar. Siempre hay un espíritu juguetón en Borges. En el caso de Palés, me gusta mucho la intensidad de su lenguaje.

Te puedo decir que cuando leí el libro El hacedor, de Jorge Luis Borges, un libro delgadito, muy bello, para mí fue una experiencia súper importante en mi vida. Hay libros que te acuerdas lo que te produjeron cuando los leíste. Apenas lo leí, me cautivó. La mitad son poemas y la otra mitad son prosas cortas. Tuvo un impacto muy poderoso en mí. También un libro de ensayos breves que se llama Otras inquisiciones. Es un libro que yo nunca lo he dejado de releer. Todos los años lo releo. Es este libro que vez aquí (saca el libro del estante). Es un libro en el que Borges es capaz de resumir en dos o tres páginas una idea que a otros autores les toma trescientas. Y siempre lo hace con un gran estilo, con una gran inteligencia y, como te decía, siempre con un espíritu de juego. Borges nunca olvidó que la literatura es muchas cosas, pero una de ellas es el juego. El juego en el sentido de que la literatura tiene que ser una forma de la alegría. No es que los textos sean alegres, no es que el tema sea alegre, sino que en algún sentido el arte tiene que ver con la dimensión digamos casi infantil nuestra, y eso no tiene que ver con los temas, sino con el espíritu con el que se emprende lo literario.

Por otra parte, para mencionarte uno o dos autores importantes, así fundamentales, en el caso de Puerto Rico, el poeta José María Lima. Para mí, fue un descubrimiento increíble. Cuando lo leí por primera vez me enamoré de él y no he podido abandonarlo nunca. Podríamos seguir añadiendo nombres y nombres a la lista y realmente añadiría uno más: el crítico, filósofo y escritor alemán, Walter Benjamin. Es un pensador, que cuando lo descubrí en la escuela graduada, me di cuenta que iba estar conmigo muchos años y sí, lleva 20 años conmigo y lo sigo leyendo y descubriendo. No creo todavía que entienda muchas de las cosas que nos presenta, pero por eso lo sigo estudiando.

Siempre tuve la suerte de tener uno que otro mentor muy bueno. Hay algunos nombres que no voy a mencionar (no viene al caso ahora). Pero cuando estaba en el bachillerato—que era un estudiante tímido y calladito, que andaba por ahí escribiendo poesía pero que no se atrevía hacer nada con eso, me costaba mucho mostrárselo a los compañeros—conocí en Río Piedras a dos o tres poetas de aquí de Puerto Rico con los que pude conversar mucho. Algunos de ellos han muerto, hay otros que están vivos. Fueron muy importantes, porque algunos de ellos se atrevían a decirme, “mira esto que escribiste es una buena idea, pero no sirve, tienes que hacerlo otra vez”. Y eso que era bien duro para mí al principio, pasó a ser algo que realmente me ayudó. Me ayudó mucho. Tuve mentores súper francos, y al principio confieso que no sabía qué hacer con esa franqueza, porque me sentía mal, pero después me di cuenta que era imprescindible atreverse a recibir esa franqueza, porque me ayudó mucho a desarrollarme. Tuve un mentor en la escuela graduada. Se llama Arcadio Díaz Quiñones, el intelectual puertorriqueño que lleva muchos años radicado en Estados Unidos en la Universidad de Princeton. Un mentor muy importante en mi carrera académica, pero sobre todo, también el escritor argentino, Ricardo Piglia. Tuve la suerte que cuando estudié en la Universidad de Princeton, él daba clases en la universidad y fue el primer profesor escritor que yo conocí. Yo había conocido muchos profesores pero nunca había conocido un profesor escritor. Es decir, alguien que de verdad fuera buen profesor y al mismo tiempo un escritor súper ambicioso, y que nunca subordinaba sus energías creativas a las docentes, que mantenía un balance, quiero decir. Para mí, él fue una lección bien importante, porque ahí me di cuenta de lo que yo quería ser. Yo quería dar clases y seguir escribiendo.

Ser parte del mundo literario es sumergirse en un universo. Si considera que la hay, ¿cómo es la competencia y con qué? ¿Cuáles son los beneficios de ser escritor? ¿Las dificultades?

Yo tengo que ser absolutamente franco, yo llevo como 25 años escribiendo y desde el principio he intentado permanecer en los márgenes del campo literario. A mí no me gusta la cultura literaria, es decir, no soy muy dado a participar constantemente en lecturas, no me gusta tanto esa parte pública del escritor y quienes me conocen lo saben. Participo poco porque a mí lo más que me interesa es el trabajo literario en sí, es decir, paso mucho tiempo leyendo y escribiendo. No escribiendo, sino, re-escribiendo, porque yo no soy escritor de escribir demasiado, yo reviso mucho. Eso es una incapacidad, quisiera poder escribir más, pero realmente no escribo tanto. No me gusta mucho el ambiente literario, porque es un ambiente que primero exige mucho tiempo, y yo, como además de escritor soy profesor, no tengo ese tiempo. Sobre todo, voy a decirlo, es un ambiente de mucha competencia y por eso es que no me gusta. Yo como escritor no me siento en competencia con nadie, sino conmigo mismo.

Siempre he tenido una idea muy exigente de lo que es la calidad literaria y he intentado aplicarla a lo que hago, pero no me siento, como escritor, en posición de estar diciéndole a nadie cómo debe escribir. Si me piden consejos, los doy pero no me siento tan cómodo haciendo eso. Me parece que la ruta del escritor, a menudo, es una ruta solitaria. Yo soy un escritor bastante solitario en ese aspecto. Por eso, a pesar de que he publicado unos cuantos libros en los últimos quince años, hay mucho material inédito que no he publicado, porque no me parece que lo más importante sea publicar. Me parece muy importante, pero no es lo único importante.

¿Beneficios? Honestamente, no sé. Te digo con toda sinceridad que muchas veces me lo he planteado, dejar de escribir y, sobretodo, esto no tiene que ver con los escritores, es algo que tiene que ver con el artista. El artista devoto de su arte casi siempre es alguien que sufre mucho. Evidentemente, las exigencias que siempre uno tiene con lo que quiere hacer constantemente chocan con lo que el mundo te exige, con la falta de tiempo, con la falta de dinero, con la falta de espacio.

¿Cuáles son las principales características de su obra? ¿Cómo etiquetaría su literatura? ¿Cómo y cuándo se dio cuenta que era escritor?

Pues mira, la brevedad es algo que siempre me ha interesado en mi literatura y en la literatura que más me interesa, y en efecto los tiempos favorecen esa brevedad. El Twitter, el Facebook, el mensaje de texto, son todas formas sociales de comunicación que han generado también una literatura breve. Ahora bien, yo creo que hay siempre ahí, desde mi perspectiva, un peligro, una fragilidad en que la gente confunde la brevedad con la superficialidad. La literatura siempre ha tenido formas breves, como el soneto o como el haikú. El asunto es cómo convertir esa brevedad en la experiencia más intensa posible. Creo que es algo muy bueno para experimentar con algunas formas de nuestro tiempo como las que mencionamos ya. La literatura podría enriquecerse grandemente si aprovechamos esta inclinación dominante a lo breve, no para hacer cosas cada vez más breves sino para hacer cosas cada vez más intensas. Esa es mi opinión. Entonces la característica de mi obra es la concisión. Intento ser claro.

Creo que uno de los temas más dominantes en mi poesía es lo erótico y lo filosófico. Lo erótico y lo filosófico siempre han sido cosas relacionadas, como en El banquete, de Platón. A mí eso me trabaja mucho, no solo porque sea así, sino porque es un asunto temperamental.

En décimo grado, el primer día de clases, estaba sentado en la parte de atrás del salón, esperando que comenzara la clase, y de pronto llegó una chica que llamó mi intención (atención) enormemente y yo, por alguna razón que no sé explicar, me sentí inclinado a escribir. Escribí un poema. Nunca se lo mostré. La chica nunca se enteró de lo que pasó porque yo era de una timidez salvaje. Pero de lo que recuerdo, fue una experiencia tan intensa y a la misma vez tan cotidiana, porque yo estaba en un pupitre de la escuela pública. No había nada extraordinario. Estábamos allí en un salón de clases de una escuela vieja, y recuerdo la intensidad del momento, haberme sentido llamado a escribir, aunque esa palabra suena muy solemne, sentí que tenía que escribir, y escribí. Es una pena que nunca conservé el poema.

Poniendo una situación hipotética indeseable, si se estuviera quemando una habitación donde están todas sus obras, y sólo pudiera salvar una, ¿cuál se llevaría? ¿Por qué?

¡Wow! Pues mira, ¿sabes qué? Teoría del conocimiento. ¿Por qué? Porque yo creo que este libro es el primero que yo publico y con el que me siento satisfecho. Eso no significa que no cambiaría nada de lo que estuviese allí dentro. Pero yo dije, “esto es un libro”. Había publicado un libro anteriormente que ha quedado sepultado en el olvido. Era muy joven. Es un libro que publiqué con mi papá y realmente todavía era muy temprano. Siempre me sentí arrepentido de haber publicado aquello. Cuando publiqué Teoría del conocimiento, creo que cuajó mi imaginación poética de una forma en que las cosas que he escrito después están muy vinculadas a él. Todavía, incluso La escuela pagana es un libro muy distinto a Teoría del conocimiento en su forma, pero, si los leemos uno al lado del otro con atención, nos podemos dar cuenta que hay ya en Teoría del conocimiento lo que podríamos considerar un cierto paganismo, una cierta visión pagana, en cuyo centro está la figura de Orfeo y su amada Eurídice, que ya marcó un montón de las cosas que yo he seguido haciendo después. Es decir, no he podido deshacerme de mi primer libro. En cierta forma, es un libro que, en potencia, ya contiene las cosas que vinieron después. Supongo que mañana podría decir otra cosa.

Considerando el tiempo histórico en que vivimos, ¿a cuáles retos cree que enfrentará la emergente generación de escritores puertorriqueños? ¿A cuáles retos se enfrentó la suya? ¿Cree que un autor de poesía tiene como deber escribir poesía social y crítica? O por el contrario, ¿piensa que el arte se manifiesta de acuerdo a las necesidades personales del autor?

Yo creo que el reto principal al que se enfrenta un escritor que está comenzando hoy seguramente son los mismos retos de siempre. Pero creo que algo que ha hecho muchos estragos, mucho daño en literatura de los últimos 20 o 30 años, tiene que ver con que en el escritor ha sentido cada vez más la necesidad de escribir para la academia. Hay unos ciertos temas que la academia pone de moda, o en circulación. Digamos el tema de la raza, o el tema del género, o el tema del colonialismo. Son temas históricos importantes, pero son sobre todo temas que la academia convierte en temas de actualidad. Entonces, ¿qué pasa? Que hay muchos escritores que la única forma que se les ocurre escribir es siguiendo lo que la academia dicta que debemos seguir. Yo creo que lo fundamental para cualquier generación literaria, cualquier joven que empiece a escribir, es aprender a abrir los ojos y empezar a ver el mundo desde una perspectiva no tan académica y no tan dirigida por el mercado académico.

Por ejemplo, en el caso de Puerto Rico, durante un siglo hemos pensado que el único tema que realmente vuelve válido un texto en este país es el tema de la identidad nacional. Es un tema muy importante por nuestra condición histórica, por nuestra historia. Evidentemente el tema de la identidad es un tema importante; yo no lo niego. Lo que me parece muy perjudicial es pensar que solamente se puede escribir desde ahí, desde el tema de la identidad. Tenemos que abrir los ojos al mundo entero, no para olvidar lo nuestro, no para olvidarnos que somos puertorriqueños, sino para poder hacerlo con mayor información, con un lente más amplio. ¿Cómo contrarrestar esta tendencia? Leer más. Pero no estoy hablando de cantidad, yo pienso que hay que leer mucho, el asunto es leer otras cosas. Mira, cuando te planteé horita, que hace par de años atrás, antes de escribir La escuela pagana, yo quería un cambio de rumbo. Una de las cosas que hice fue, por suerte, irme un verano a España con una beca, y estaba haciendo una investigación. Y dije, yo quiero cambiar mi horizonte de lectura, porque llevo años leyendo a los mismos autores, quiero cambiar radicalmente las cosas que estoy leyendo, porque quiero cambiar mi forma de escribir. Entonces me di cuenta que eso me ayudó enormemente, y cuando regresé a Puerto Rico vine con un montón de libros, y claro son libros que yo no encuentro en las librerías aquí. Por desgracia, el mundo de las librerías y de los libros está en crisis y por lo tanto cada vez es más difícil que lleguen más cosas. El escritor tiene que estar pendiente a las cosas que se están publicando en otras partes del mundo, por suerte el internet lo permite. No es solamente cuestión de estar informado. La información no es lo más importante, lo más importante es que la escritura tiene que ser un ejercicio de libertad, y la libertad se conquista a partir del conocimiento de múltiples opciones.

Cuando pensamos que ser un escritor puertorriqueño significa que tenga que hablar de ser puertorriqueño, pues eso es una noción muy tonta, simplona y perjudicial de lo literario. Se tiene que hablar de lo que sea, pero se tiene que hablar bien, con un lenguaje de calidad. Hablar bien no sabemos muy bien lo que significa. Podemos hablar bien diciendo muchas malas palabras, el asunto no es el contenido, sino que la forma tiene que ser sofisticada para que se permita un buen lenguaje.

En los noventa, cuando yo estaba intentando comenzar a escribir, el mayor reto que teníamos, que es muy distinto ahora, era que no teníamos donde publicar. Todavía no existía internet con la fuerza que se encuentra ahora, ni la cantidad de revistas electrónicas que hay hoy. Todavía publicar significaba encontrar un editor que apostara por un escritor desconocido. Ese era nuestro reto. Hoy en día no tan solo es más fácil publicar en internet, también publicar un libro e imprimirlo aquí en Puerto Rico, y encargarse de todos los aspectos de la publicación. El mayor reto de mi generación fue, y es, sacudirse la idea de que la única forma de hacer arte o literatura es hablar de lo político. Por ejemplo, la generación del setenta, que es una generación que yo admiro mucho, literariamente hablando, fue una generación bien política. Por ejemplo, escritores como José Ramón Meléndez, Áurea Sotomayor, Manuel Ramos Otero o Ana Lydia Vega, todos ellos, y muchos otros que no he mencionado, son escritores que tenían un sentido muy serio de la necesidad política del escritor, de que el escritor tenía que hablar sobre lo político. Yo también creo en eso. Lo que no creo es que exista una sola forma de escribir de lo político. Uno de los retos de la generación de los ochenta, noventa y todavía a la que pertenezco ahora es que nos toca seguir descubriendo que lo político no es solamente lo partidista, la independencia o la estadidad. Lo político tiene que ver con los actos más pequeños y simples. Por lo tanto cualquier compromiso con lo político debe tener en consideración que hay muchas formas de relacionarse con ello. Ese es otro reto de esta generación, aprender a ver desde otra perspectiva lo político.

Sí, pero no en el sentido habitual. Y te voy a dar un ejemplo, uno puede coger un poema amoroso de Julia Burgos—y que conste que soy un admirador—uno puede coger uno de esos poemas y pensar “ah pero eso no tiene nada de político, esto es un poema con voz femenina que añora la presencia”. Uno puede leerlo así, pero no. Hay un gran contenido social y critico ahí. Lo que pasa es que tenemos que buscar unas formas de leerlo. Estamos acostumbrados a entender por poesía social o crítica como poemas grandilocuentes, que hablen de cosas más evidentes en el plano político. También a veces comerse un dulce es político, dependiendo cómo describamos comerse un dulce. Lo que quiero decir es que lo político está en todo. Lo que hay que descubrir es cuál es el lado político de las cosas.

¿Cómo ve el futuro literario de la Isla y del Caribe? ¿Si se crea un mejor vínculo entre las principales islas del Caribe—República Dominicana, Haití, Cuba, Jamaica—cree que se pueda desarrollar una mejor idea de la literatura caribeña? 

Bueno, mira yo no sé qué decirte. Este es el tipo de pregunta que te confieso que como escritor no me interesa mucho. Me han invitado a muchos foros a hablar sobre esto y he rechazado las invitaciones; no porque no crea que es importante, es que es un problema muy típico en la literatura puertorriqueña. No sé si en otras literaturas. Podría hablarte de las que conozco. Es que por alguna razón la gente piensa que, si uno es un escritor puertorriqueño, al mismo tiempo es un experto en literatura puertorriqueña, experto en la sociología de la literatura. A mí, como escritor, como poeta, exclusivamente me ha interesado lo caribeño. Mi vínculo con Luis Palés Matos tiene que ver sobre todo con eso. Por ejemplo, ¿por qué me gusta más Luis Palés Matos que Luis Llorens Torres? No solo porque Palés me parece mejor poeta—y me gusta Llorens también, que conste—en Llorens yo veo un poeta puertorriqueño, en Palés yo veo un poeta caribeño. Palés cuadra mucho mejor con mi forma de sentirme en el mundo. Yo me siento más caribeño que puertorriqueño. Es un sí, rotundo. En la academia, por suerte, está cambiando.

¿Cuál es la misión de un poeta?

Esta pregunta también se relaciona con una que me hiciste anteriormente, de los retos. Yo creo que un escritor, sobre todo el poeta que tiene una intención demasiado clara de lo que va hacer, es un pésimo poeta. La poesía no es como un cuento, o como una novela, que hay que tener una idea clara de lo que va pasar. Realmente uno de los grandes vicios en los últimos veinte años de la poesía es que hay demasiada gente escribiendo a propósito poesía racial, feminista, post colonial. Cuando tienes demasiado clara la dirección para dónde vas, en la poesía específicamente, creo que eso es una pobreza. La misión del poeta, en primer lugar, es mantener una cabeza lo más abierta posible, de intenciones también. Mientras más intenciones se tienen, menos se ve. Si se tiene una intención clara—a veces puedo perder de perspectiva un montón de cosas, que las excluí de entrada y que son tal vez importantes también—no necesariamente vas a encontrar lo esencial ahí. Lo importante es no hacer demasiadas selecciones antes de empezar a escribir, porque entonces lo que vas hacer es una receta, no vas hacer un poema.

Para concluir, ¿cuáles son sus próximos planes literarios? ¿Algún otro libro en mente?

Sí, hay un libro de poesía en el que estoy trabajando, está escrito ya. Se llama Estación a la deriva. Yo los libros los escribo, los edito y los engaveto. Justamente no estoy conforme porque me di cuenta que es un libro en el que quiero introducir unos textos en prosa e imágenes. Va contener poemas, textos en prosa y fotografías. Como en Selene, pero en ese las imágenes son de un amigo fotógrafo muy bueno. Las fotografías que van a entrar ahora en este otro libro son mías y estoy trabajando en ellas. Empecé a hacer las fotografías sin pensar que iban a formar parte de este proyecto, pero me di cuenta que van a alterarlo por eso. Va a ser un libro mixto. Va a ser como el libro del que te hablé horita, de Borges, El hacedor, que vincula la prosa y la poesía. Es algo muy antiguo. Dante lo hizo en La vida nueva. Va a ser un libro mixto; me está interesando mucho este tipo de collage.





¿Podría recitar algún poema para la revista Caminos Convergentes? 



Noel Luna. La escuela Pagana (2014)
Elogio de la embriaguez: Filadelfo de Alejandría [EO XVI, 1], p.161


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