Isabel V. Almonte: [Entrevista al escritor Noel Luna, "una de las voces más relevantes de la poesía puertorriqueña"]



No fue por accidente, sino por recomendación, que llegó a mis manos el que se convertiría en uno de mis poemarios de cabecera, Teoría del conocimiento (2001), del escritor Noel Luna (Santurce, Puerto Rico, 1971). Llamó mi atención no solo su excepcional dominio del lenguaje, sino también la transparencia que se encuentra en sus textos. Fue co-editor del libro Ricardo Piglia: Conversación en Princeton (2000) y editor de Fiel fugada: Antología poética de Luis Palés Matos (2008). Su poesía ha sido reconocida en certámenes auspiciados por el Ateneo de Puerto Rico (1996), El Nuevo Día (2000), El Pen Club (2003) y el Instituto de Literatura Puertorriqueña (2006). Este autor, incita a meditar acerca de los límites de la escritura, a cuestionar como se maneja ésta, y a descansar del popular lenguaje auto explicativo.

Para lograr una perspectiva íntegra de la poesía de Luna, es necesario un análisis desde su contenido generalmente autónomo hasta su estilo estético.

Sus obras transitan por las dimensiones de la metapoesía. Representa esa zona de la percepción humana cotidiana que supone ser el pensamiento. Por esta razón, el autor desarrolla una cierta intensidad filosófica, que se podría manifestar en su registro, con la ilusoria forma de una voz omnipotente.

La poesía de Luna descansa de la rima, aún así, no deja de utilizar ocasionalmente diversos recursos literarios y, para pulir sus composiciones, la métrica. Su poemario Selene (2008), enfrenta la relación titulo-poema, mediante la estructura propia del libro. En este, el autor incluye un índice de títulos para sus poemas, que en vez de colocarlos tradicionalmente en el encabezado de la página, sólo los enumera, logrando que el posible efecto temático que puede causar el factor título, no encierre al lector al pasar las páginas. Creo que parte de su creación, es una nítida expresión del conocimiento esencial que le corresponde a la literatura, o bien, de cómo se maneja información.

También es autor de otros poemarios como lo son, Hilo de voz (2005), Música de cámara (2009) y su más reciente poemario, La escuela pagana (2014), uno de los libros más vendidos el pasado mes en la librería La Tertulia, en Río Piedras.

Estudió Ciencias Políticas y Literatura Comparada en la Universidad de Puerto Rico, y se doctoró en Poesía Latinoamericana en Princeton University. Actualmente se desempeña como escritor y Catedrático de Literatura Comparada en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

Son muchas las consideraciones que hacen que la obra de Noel Luna sea fundamental para dialogar con cierta literatura, en especial con la puertorriqueña. Puede sugerir la lectura del autor puertorriqueño Luis Pales Matos en muchos de sus textos, como de igual manera puede estimular creaciones literarias emergentes.




-ENTREVISTA-
lunes, 20 de abril de 2015

El equipo de trabajo de la revista electrónica, Caminos Convergentes, realizó un sondeo en las principales librerías del país. Su último libro, La escuela pagana (2014), fue uno de los más vendidos en la librería La Tertulia en Río Piedras. ¿A qué cree que se deba esto? ¿Piensa que parte del éxito del poemario radica en la estructura misma de los poemas? ¿Considera que este libro rompe con el patrón de sus obras anteriores?

Voy a empezar por la última. Sí, este libro rompe bastante con el patrón de mis libros anteriores. Sobre todo porque yo a propósito estaba buscando cambiar de ruta. Este libro lo concebí como un intento de comenzar a trabajar cosas un poco distintas a las que estaba haciendo antes para ver si eso me ayudaba a cambiar de ruta como poeta. Pero no del todo. Quería cambiar y ampliar algunas cosas. Como por ejemplo, hay toda una sección del libro que se titula “Nuevo arte de injuriar”, en la que figuran poemas bastante irónicos algunos, bastante violentos otros. Porque me parece que cuando pensamos en la poesía solemos pensar exclusivamente en los buenos sentimientos y en las cosas lindas, y no nos damos cuenta que a lo largo de los siglos, la poesía ha sido muchas otras cosas, lo feo, lo repugnante, a veces también la rabia. Yo quise incorporar algunas de estas cosas, también el humor.

La escuela pagana es una compilación de poemas de 1,500 a 2,500 años atrás. Todos son traducciones excepto uno que otro, que son míos y que yo los disfracé de traducciones. La mayoría son traducciones hechas de traducciones. Los poemas que lo constituyen son escritos en griego antiguo, y como desconozco el griego, lo que hice fue que por años estuve leyendo traducciones al inglés y a español de estos textos y hacer mis propias traducciones. No a partir del original, sino a partir de múltiples traducciones que ya conocía y que están en la bibliografía del libro. Yo creo que, si comparamos La escuela pagana con mis libros anteriores, una de las cosas que se pueden ver a primera vista es que el libro está hecho con un lenguaje mucho más claro. Hay una voluntad de claridad en el libro. Hay una voluntad de decir cosas incluso muy complejas a partir de palabras lo más claras posibles y eso para mí constituyó un taller de cinco a seis años trabajando, porque una de las cosas que quería buscar en eso que yo llamo cambio de rumbo poético era clarificar todavía más mi lenguaje. Desde que empecé a escribir mi norte ha sido la claridad y todavía hay mucho que hacer. La escuela pagana ya muestra parte de esa trayectoria hacia la claridad.

Pues mira, yo no sé. Yo creo que el libro una de las cosas que tiene es muchos poemas pícaros y poemas mucho más claros de lo que yo suelo escribir. Hay mucha variedad; hay muchas voces ahí. Tiene cosas para que mucha gente diversa se identifique. Yo no quería hacer un libro con una sola voz, quería hacer un libro con una multiplicidad de voces. Por otra parte el libro quedó muy bellamente editado por Follium Editores, y creo que también eso es importante destacarlo. Pero realmente no te puedo contestar por qué se ha vendido tanto, no lo sé. Habrá que ver qué significa eso en un país tan pequeño como este. (risas)

Como analista literario, ¿cuáles son sus criterios para que una obra literaria sea considerada buena? ¿Qué cosas disminuyen el potencial de hacer buena literatura? ¿Qué piensa de la Biblia?

Primero, para mí, para Noel Luna lector, sobre todo adicto a la lectura, el criterio fundamental para que yo defina algo como buena literatura es que estimule de inmediato mi curiosidad. Me gustan las obras que no me dirigen lo que quieren presentar. Me gustan las obras que me obligan a trabajar, a buscar. El ejemplo más claro que te puedo hacer es cuando empecé a leer literatura y descubrí que los libros me gustaban; descubrí a Jorge Luis Borges, y me parecía un autor bien difícil porque estaba lleno de informaciones y de referencias que no conocía, pero por eso mismo me enamore de él. Había tanto en Borges que yo no conocía que para mí empezó a funcionar casi como una enciclopedia. Es decir, yo lo leía y él me obligaba entonces a ir a la biblioteca a buscar información sobre cosas. Para mí, eso es muy importante en la literatura, que estimule mis ganas de seguir buscando. Por otra parte, tiene que estar muy bien escrita. Con “bien escrita” me refiero a ideas claras, aunque sean cosas complejas y oscuras. Esto es un gusto personal. Hay escritores, artistas o lectores que gustan más de obras literarias Barrocas, Herméticas. Yo no, a mí me gusta la claridad en el Lenguaje, por lo tanto es un criterio que para mí es importante.

¿Qué disminuye el potencial? La condescendencia, cuando un autor siente que tiene que estar explicándole al lector lo que quiere decir. Es decir, cuando un autor constantemente corta la curiosidad del lector. Para mí eso es malo. Me parece que la literatura no es idéntica al periódico. El periódico tiene una información que te transmite, te informa y se supone que termines con una claridad desde el punto de vista informativo. En ese sentido la información está digerida. La literatura de nuestro tiempo peca mucho de eso, que somos condescendientes y explicamos demasiado lo que escribimos. Yo creo que hay que apostar por la inteligencia del lector.

… ¿Qué pienso de la Biblia? Mira, la Biblia es uno de los grandes libros de la humanidad. No me defino como cristiano, aunque tengo que decir que mi educación ha sido totalmente cristiana y eso es algo que uno lleva en los huesos toda la vida, pero digamos que la biblia para mí no es un libro sagrado. Es un libro muy bello, que hay que leer. Es un libro que estimo mucho, porque nuestra cultura en gran medida sale de ahí, ¿no? A mí me interesan mucho dos cosas de la Biblia. Algunas historias especificas, pero sobre todo me interesan las partes mas poéticas. Por ejemplo, si me preguntaras cuáles son mis libros favoritos, te mencionaría tres, El Cantar de los Cantares, El Eclesiastés (desde que era pequeño, es un poco sombrío, un poco pesimista, pero es el que realmente más me gusta) y Los Salmos. No he leído la Biblia completa nunca. Es un texto al que vuelvo de vez en cuando. Recientemente, por ejemplo, estuve releyendo algunos libros que me gustan mucho. Pero pienso que hay que leerla independientemente de cómo uno se defina en el plano religioso.

Algunos de los libros que ha leído deben haber sugerido muy buenas ideas, ¿cuáles son estos libros? ¿Cuál consideraría como el más influyente en su obra? ¿Autor predilecto? ¿Tuvo o tiene actualmente algún mentor?

Son tantos, voy a mencionar los que para mí son más obvios, porque podríamos hacer una lista larguísima aquí. Más que de libros te hablaría de autores. Yo te diría que Jorge Luis Borges y Luis Palés Matos. En los últimos veinticinco años, para mí han sido no tan solo dos autores predilectos, sino que han ido construyendo mi propia visión del mundo y de la literatura. Son dos autores muy distintos. En el caso de Borges, lo más que me ha interesado es su capacidad de jugar con la erudición, su capacidad de hablar sobre cosas muy eruditas y nunca dejar de jugar. Siempre hay un espíritu juguetón en Borges. En el caso de Palés, me gusta mucho la intensidad de su lenguaje.

Te puedo decir que cuando leí el libro El hacedor, de Jorge Luis Borges, un libro delgadito, muy bello, para mí fue una experiencia súper importante en mi vida. Hay libros que te acuerdas lo que te produjeron cuando los leíste. Apenas lo leí, me cautivó. La mitad son poemas y la otra mitad son prosas cortas. Tuvo un impacto muy poderoso en mí. También un libro de ensayos breves que se llama Otras inquisiciones. Es un libro que yo nunca lo he dejado de releer. Todos los años lo releo. Es este libro que vez aquí (saca el libro del estante). Es un libro en el que Borges es capaz de resumir en dos o tres páginas una idea que a otros autores les toma trescientas. Y siempre lo hace con un gran estilo, con una gran inteligencia y, como te decía, siempre con un espíritu de juego. Borges nunca olvidó que la literatura es muchas cosas, pero una de ellas es el juego. El juego en el sentido de que la literatura tiene que ser una forma de la alegría. No es que los textos sean alegres, no es que el tema sea alegre, sino que en algún sentido el arte tiene que ver con la dimensión digamos casi infantil nuestra, y eso no tiene que ver con los temas, sino con el espíritu con el que se emprende lo literario.

Por otra parte, para mencionarte uno o dos autores importantes, así fundamentales, en el caso de Puerto Rico, el poeta José María Lima. Para mí, fue un descubrimiento increíble. Cuando lo leí por primera vez me enamoré de él y no he podido abandonarlo nunca. Podríamos seguir añadiendo nombres y nombres a la lista y realmente añadiría uno más: el crítico, filósofo y escritor alemán, Walter Benjamin. Es un pensador, que cuando lo descubrí en la escuela graduada, me di cuenta que iba estar conmigo muchos años y sí, lleva 20 años conmigo y lo sigo leyendo y descubriendo. No creo todavía que entienda muchas de las cosas que nos presenta, pero por eso lo sigo estudiando.

Siempre tuve la suerte de tener uno que otro mentor muy bueno. Hay algunos nombres que no voy a mencionar (no viene al caso ahora). Pero cuando estaba en el bachillerato—que era un estudiante tímido y calladito, que andaba por ahí escribiendo poesía pero que no se atrevía hacer nada con eso, me costaba mucho mostrárselo a los compañeros—conocí en Río Piedras a dos o tres poetas de aquí de Puerto Rico con los que pude conversar mucho. Algunos de ellos han muerto, hay otros que están vivos. Fueron muy importantes, porque algunos de ellos se atrevían a decirme, “mira esto que escribiste es una buena idea, pero no sirve, tienes que hacerlo otra vez”. Y eso que era bien duro para mí al principio, pasó a ser algo que realmente me ayudó. Me ayudó mucho. Tuve mentores súper francos, y al principio confieso que no sabía qué hacer con esa franqueza, porque me sentía mal, pero después me di cuenta que era imprescindible atreverse a recibir esa franqueza, porque me ayudó mucho a desarrollarme. Tuve un mentor en la escuela graduada. Se llama Arcadio Díaz Quiñones, el intelectual puertorriqueño que lleva muchos años radicado en Estados Unidos en la Universidad de Princeton. Un mentor muy importante en mi carrera académica, pero sobre todo, también el escritor argentino, Ricardo Piglia. Tuve la suerte que cuando estudié en la Universidad de Princeton, él daba clases en la universidad y fue el primer profesor escritor que yo conocí. Yo había conocido muchos profesores pero nunca había conocido un profesor escritor. Es decir, alguien que de verdad fuera buen profesor y al mismo tiempo un escritor súper ambicioso, y que nunca subordinaba sus energías creativas a las docentes, que mantenía un balance, quiero decir. Para mí, él fue una lección bien importante, porque ahí me di cuenta de lo que yo quería ser. Yo quería dar clases y seguir escribiendo.

Ser parte del mundo literario es sumergirse en un universo. Si considera que la hay, ¿cómo es la competencia y con qué? ¿Cuáles son los beneficios de ser escritor? ¿Las dificultades?

Yo tengo que ser absolutamente franco, yo llevo como 25 años escribiendo y desde el principio he intentado permanecer en los márgenes del campo literario. A mí no me gusta la cultura literaria, es decir, no soy muy dado a participar constantemente en lecturas, no me gusta tanto esa parte pública del escritor y quienes me conocen lo saben. Participo poco porque a mí lo más que me interesa es el trabajo literario en sí, es decir, paso mucho tiempo leyendo y escribiendo. No escribiendo, sino, re-escribiendo, porque yo no soy escritor de escribir demasiado, yo reviso mucho. Eso es una incapacidad, quisiera poder escribir más, pero realmente no escribo tanto. No me gusta mucho el ambiente literario, porque es un ambiente que primero exige mucho tiempo, y yo, como además de escritor soy profesor, no tengo ese tiempo. Sobre todo, voy a decirlo, es un ambiente de mucha competencia y por eso es que no me gusta. Yo como escritor no me siento en competencia con nadie, sino conmigo mismo.

Siempre he tenido una idea muy exigente de lo que es la calidad literaria y he intentado aplicarla a lo que hago, pero no me siento, como escritor, en posición de estar diciéndole a nadie cómo debe escribir. Si me piden consejos, los doy pero no me siento tan cómodo haciendo eso. Me parece que la ruta del escritor, a menudo, es una ruta solitaria. Yo soy un escritor bastante solitario en ese aspecto. Por eso, a pesar de que he publicado unos cuantos libros en los últimos quince años, hay mucho material inédito que no he publicado, porque no me parece que lo más importante sea publicar. Me parece muy importante, pero no es lo único importante.

¿Beneficios? Honestamente, no sé. Te digo con toda sinceridad que muchas veces me lo he planteado, dejar de escribir y, sobretodo, esto no tiene que ver con los escritores, es algo que tiene que ver con el artista. El artista devoto de su arte casi siempre es alguien que sufre mucho. Evidentemente, las exigencias que siempre uno tiene con lo que quiere hacer constantemente chocan con lo que el mundo te exige, con la falta de tiempo, con la falta de dinero, con la falta de espacio.

¿Cuáles son las principales características de su obra? ¿Cómo etiquetaría su literatura? ¿Cómo y cuándo se dio cuenta que era escritor?

Pues mira, la brevedad es algo que siempre me ha interesado en mi literatura y en la literatura que más me interesa, y en efecto los tiempos favorecen esa brevedad. El Twitter, el Facebook, el mensaje de texto, son todas formas sociales de comunicación que han generado también una literatura breve. Ahora bien, yo creo que hay siempre ahí, desde mi perspectiva, un peligro, una fragilidad en que la gente confunde la brevedad con la superficialidad. La literatura siempre ha tenido formas breves, como el soneto o como el haikú. El asunto es cómo convertir esa brevedad en la experiencia más intensa posible. Creo que es algo muy bueno para experimentar con algunas formas de nuestro tiempo como las que mencionamos ya. La literatura podría enriquecerse grandemente si aprovechamos esta inclinación dominante a lo breve, no para hacer cosas cada vez más breves sino para hacer cosas cada vez más intensas. Esa es mi opinión. Entonces la característica de mi obra es la concisión. Intento ser claro.

Creo que uno de los temas más dominantes en mi poesía es lo erótico y lo filosófico. Lo erótico y lo filosófico siempre han sido cosas relacionadas, como en El banquete, de Platón. A mí eso me trabaja mucho, no solo porque sea así, sino porque es un asunto temperamental.

En décimo grado, el primer día de clases, estaba sentado en la parte de atrás del salón, esperando que comenzara la clase, y de pronto llegó una chica que llamó mi intención (atención) enormemente y yo, por alguna razón que no sé explicar, me sentí inclinado a escribir. Escribí un poema. Nunca se lo mostré. La chica nunca se enteró de lo que pasó porque yo era de una timidez salvaje. Pero de lo que recuerdo, fue una experiencia tan intensa y a la misma vez tan cotidiana, porque yo estaba en un pupitre de la escuela pública. No había nada extraordinario. Estábamos allí en un salón de clases de una escuela vieja, y recuerdo la intensidad del momento, haberme sentido llamado a escribir, aunque esa palabra suena muy solemne, sentí que tenía que escribir, y escribí. Es una pena que nunca conservé el poema.

Poniendo una situación hipotética indeseable, si se estuviera quemando una habitación donde están todas sus obras, y sólo pudiera salvar una, ¿cuál se llevaría? ¿Por qué?

¡Wow! Pues mira, ¿sabes qué? Teoría del conocimiento. ¿Por qué? Porque yo creo que este libro es el primero que yo publico y con el que me siento satisfecho. Eso no significa que no cambiaría nada de lo que estuviese allí dentro. Pero yo dije, “esto es un libro”. Había publicado un libro anteriormente que ha quedado sepultado en el olvido. Era muy joven. Es un libro que publiqué con mi papá y realmente todavía era muy temprano. Siempre me sentí arrepentido de haber publicado aquello. Cuando publiqué Teoría del conocimiento, creo que cuajó mi imaginación poética de una forma en que las cosas que he escrito después están muy vinculadas a él. Todavía, incluso La escuela pagana es un libro muy distinto a Teoría del conocimiento en su forma, pero, si los leemos uno al lado del otro con atención, nos podemos dar cuenta que hay ya en Teoría del conocimiento lo que podríamos considerar un cierto paganismo, una cierta visión pagana, en cuyo centro está la figura de Orfeo y su amada Eurídice, que ya marcó un montón de las cosas que yo he seguido haciendo después. Es decir, no he podido deshacerme de mi primer libro. En cierta forma, es un libro que, en potencia, ya contiene las cosas que vinieron después. Supongo que mañana podría decir otra cosa.

Considerando el tiempo histórico en que vivimos, ¿a cuáles retos cree que enfrentará la emergente generación de escritores puertorriqueños? ¿A cuáles retos se enfrentó la suya? ¿Cree que un autor de poesía tiene como deber escribir poesía social y crítica? O por el contrario, ¿piensa que el arte se manifiesta de acuerdo a las necesidades personales del autor?

Yo creo que el reto principal al que se enfrenta un escritor que está comenzando hoy seguramente son los mismos retos de siempre. Pero creo que algo que ha hecho muchos estragos, mucho daño en literatura de los últimos 20 o 30 años, tiene que ver con que en el escritor ha sentido cada vez más la necesidad de escribir para la academia. Hay unos ciertos temas que la academia pone de moda, o en circulación. Digamos el tema de la raza, o el tema del género, o el tema del colonialismo. Son temas históricos importantes, pero son sobre todo temas que la academia convierte en temas de actualidad. Entonces, ¿qué pasa? Que hay muchos escritores que la única forma que se les ocurre escribir es siguiendo lo que la academia dicta que debemos seguir. Yo creo que lo fundamental para cualquier generación literaria, cualquier joven que empiece a escribir, es aprender a abrir los ojos y empezar a ver el mundo desde una perspectiva no tan académica y no tan dirigida por el mercado académico.

Por ejemplo, en el caso de Puerto Rico, durante un siglo hemos pensado que el único tema que realmente vuelve válido un texto en este país es el tema de la identidad nacional. Es un tema muy importante por nuestra condición histórica, por nuestra historia. Evidentemente el tema de la identidad es un tema importante; yo no lo niego. Lo que me parece muy perjudicial es pensar que solamente se puede escribir desde ahí, desde el tema de la identidad. Tenemos que abrir los ojos al mundo entero, no para olvidar lo nuestro, no para olvidarnos que somos puertorriqueños, sino para poder hacerlo con mayor información, con un lente más amplio. ¿Cómo contrarrestar esta tendencia? Leer más. Pero no estoy hablando de cantidad, yo pienso que hay que leer mucho, el asunto es leer otras cosas. Mira, cuando te planteé horita, que hace par de años atrás, antes de escribir La escuela pagana, yo quería un cambio de rumbo. Una de las cosas que hice fue, por suerte, irme un verano a España con una beca, y estaba haciendo una investigación. Y dije, yo quiero cambiar mi horizonte de lectura, porque llevo años leyendo a los mismos autores, quiero cambiar radicalmente las cosas que estoy leyendo, porque quiero cambiar mi forma de escribir. Entonces me di cuenta que eso me ayudó enormemente, y cuando regresé a Puerto Rico vine con un montón de libros, y claro son libros que yo no encuentro en las librerías aquí. Por desgracia, el mundo de las librerías y de los libros está en crisis y por lo tanto cada vez es más difícil que lleguen más cosas. El escritor tiene que estar pendiente a las cosas que se están publicando en otras partes del mundo, por suerte el internet lo permite. No es solamente cuestión de estar informado. La información no es lo más importante, lo más importante es que la escritura tiene que ser un ejercicio de libertad, y la libertad se conquista a partir del conocimiento de múltiples opciones.

Cuando pensamos que ser un escritor puertorriqueño significa que tenga que hablar de ser puertorriqueño, pues eso es una noción muy tonta, simplona y perjudicial de lo literario. Se tiene que hablar de lo que sea, pero se tiene que hablar bien, con un lenguaje de calidad. Hablar bien no sabemos muy bien lo que significa. Podemos hablar bien diciendo muchas malas palabras, el asunto no es el contenido, sino que la forma tiene que ser sofisticada para que se permita un buen lenguaje.

En los noventa, cuando yo estaba intentando comenzar a escribir, el mayor reto que teníamos, que es muy distinto ahora, era que no teníamos donde publicar. Todavía no existía internet con la fuerza que se encuentra ahora, ni la cantidad de revistas electrónicas que hay hoy. Todavía publicar significaba encontrar un editor que apostara por un escritor desconocido. Ese era nuestro reto. Hoy en día no tan solo es más fácil publicar en internet, también publicar un libro e imprimirlo aquí en Puerto Rico, y encargarse de todos los aspectos de la publicación. El mayor reto de mi generación fue, y es, sacudirse la idea de que la única forma de hacer arte o literatura es hablar de lo político. Por ejemplo, la generación del setenta, que es una generación que yo admiro mucho, literariamente hablando, fue una generación bien política. Por ejemplo, escritores como José Ramón Meléndez, Áurea Sotomayor, Manuel Ramos Otero o Ana Lydia Vega, todos ellos, y muchos otros que no he mencionado, son escritores que tenían un sentido muy serio de la necesidad política del escritor, de que el escritor tenía que hablar sobre lo político. Yo también creo en eso. Lo que no creo es que exista una sola forma de escribir de lo político. Uno de los retos de la generación de los ochenta, noventa y todavía a la que pertenezco ahora es que nos toca seguir descubriendo que lo político no es solamente lo partidista, la independencia o la estadidad. Lo político tiene que ver con los actos más pequeños y simples. Por lo tanto cualquier compromiso con lo político debe tener en consideración que hay muchas formas de relacionarse con ello. Ese es otro reto de esta generación, aprender a ver desde otra perspectiva lo político.

Sí, pero no en el sentido habitual. Y te voy a dar un ejemplo, uno puede coger un poema amoroso de Julia Burgos—y que conste que soy un admirador—uno puede coger uno de esos poemas y pensar “ah pero eso no tiene nada de político, esto es un poema con voz femenina que añora la presencia”. Uno puede leerlo así, pero no. Hay un gran contenido social y critico ahí. Lo que pasa es que tenemos que buscar unas formas de leerlo. Estamos acostumbrados a entender por poesía social o crítica como poemas grandilocuentes, que hablen de cosas más evidentes en el plano político. También a veces comerse un dulce es político, dependiendo cómo describamos comerse un dulce. Lo que quiero decir es que lo político está en todo. Lo que hay que descubrir es cuál es el lado político de las cosas.

¿Cómo ve el futuro literario de la Isla y del Caribe? ¿Si se crea un mejor vínculo entre las principales islas del Caribe—República Dominicana, Haití, Cuba, Jamaica—cree que se pueda desarrollar una mejor idea de la literatura caribeña? 

Bueno, mira yo no sé qué decirte. Este es el tipo de pregunta que te confieso que como escritor no me interesa mucho. Me han invitado a muchos foros a hablar sobre esto y he rechazado las invitaciones; no porque no crea que es importante, es que es un problema muy típico en la literatura puertorriqueña. No sé si en otras literaturas. Podría hablarte de las que conozco. Es que por alguna razón la gente piensa que, si uno es un escritor puertorriqueño, al mismo tiempo es un experto en literatura puertorriqueña, experto en la sociología de la literatura. A mí, como escritor, como poeta, exclusivamente me ha interesado lo caribeño. Mi vínculo con Luis Palés Matos tiene que ver sobre todo con eso. Por ejemplo, ¿por qué me gusta más Luis Palés Matos que Luis Llorens Torres? No solo porque Palés me parece mejor poeta—y me gusta Llorens también, que conste—en Llorens yo veo un poeta puertorriqueño, en Palés yo veo un poeta caribeño. Palés cuadra mucho mejor con mi forma de sentirme en el mundo. Yo me siento más caribeño que puertorriqueño. Es un sí, rotundo. En la academia, por suerte, está cambiando.

¿Cuál es la misión de un poeta?

Esta pregunta también se relaciona con una que me hiciste anteriormente, de los retos. Yo creo que un escritor, sobre todo el poeta que tiene una intención demasiado clara de lo que va hacer, es un pésimo poeta. La poesía no es como un cuento, o como una novela, que hay que tener una idea clara de lo que va pasar. Realmente uno de los grandes vicios en los últimos veinte años de la poesía es que hay demasiada gente escribiendo a propósito poesía racial, feminista, post colonial. Cuando tienes demasiado clara la dirección para dónde vas, en la poesía específicamente, creo que eso es una pobreza. La misión del poeta, en primer lugar, es mantener una cabeza lo más abierta posible, de intenciones también. Mientras más intenciones se tienen, menos se ve. Si se tiene una intención clara—a veces puedo perder de perspectiva un montón de cosas, que las excluí de entrada y que son tal vez importantes también—no necesariamente vas a encontrar lo esencial ahí. Lo importante es no hacer demasiadas selecciones antes de empezar a escribir, porque entonces lo que vas hacer es una receta, no vas hacer un poema.

Para concluir, ¿cuáles son sus próximos planes literarios? ¿Algún otro libro en mente?

Sí, hay un libro de poesía en el que estoy trabajando, está escrito ya. Se llama Estación a la deriva. Yo los libros los escribo, los edito y los engaveto. Justamente no estoy conforme porque me di cuenta que es un libro en el que quiero introducir unos textos en prosa e imágenes. Va contener poemas, textos en prosa y fotografías. Como en Selene, pero en ese las imágenes son de un amigo fotógrafo muy bueno. Las fotografías que van a entrar ahora en este otro libro son mías y estoy trabajando en ellas. Empecé a hacer las fotografías sin pensar que iban a formar parte de este proyecto, pero me di cuenta que van a alterarlo por eso. Va a ser un libro mixto. Va a ser como el libro del que te hablé horita, de Borges, El hacedor, que vincula la prosa y la poesía. Es algo muy antiguo. Dante lo hizo en La vida nueva. Va a ser un libro mixto; me está interesando mucho este tipo de collage.





¿Podría recitar algún poema para la revista Caminos Convergentes? 



Noel Luna. La escuela Pagana (2014)
Elogio de la embriaguez: Filadelfo de Alejandría [EO XVI, 1], p.161


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