Ignacio Méndez: [Las once razones satánicas por las que escribo]



Uno.

Porque Jesús, Gandhi, Buda y los dioses aztecas fueron una vez a una barra y nadie me ha contado el final del chiste.

Dos.

Porque la estocada más aguda no viene del brazo más refinado y ejercitado, sino de los dedos temblorosos en horas frustradas de la luna tímida.

Tres.

Porque las emociones exclamadas son cosas brutas y feas que tantean y se pierden en frivolidades como moscas en un farol.

Cuatro.

Porque soy tu adversario, alza tu acero y encontrarás el mío en tu pecho. Hablas de dios y hablaré de África. Muéstrame una verdad y yo mostraré dos versiones. Siembra un árbol y yo quemaré los libros.

Cinco.

Porque una vez hice a un hombre orgulloso llorar con una oración que casi fue frase.

Seis.

Porque la risa de todos ellos terminó en mi cabeza donde los ecos no mueren.

Siete.

¿Por qué el gato es ágil cuando pasa todo el día reposando? ¿Por qué el perro es alegre cuando cada ignorancia es un peso que recuerda? ¿Por qué el escritor se queda todo el día en el cuarto marchitándose en el verano, esperando a lo que no vendrá y mintiéndose todo el camino hasta la oración final?

Ocho.

Porque quizás alguien se pondrá una camisa con mis palabras, y no solo porque será negra o porque sus padres se la prohibirán.

Nueve.

Porque todos podemos llamar al monstruo que vive bajo nuestras camas Teodoro Rosa Meltrozo del Arcoíris Rosita.

Diez.

Porque me saca la cabeza del culo y me hace escuchar a otros [aunque admito que alguna gente escribe bastante bien desde tan dicha localización].

Once.

Porque quiero llegar a subir a la torre y gritar a los cielos sobre mí, haciendo que la lluvia se rinda a mis hombros y truene el rayo en los cielos sanguíneos. Para ser tocado por el trueno y caer a la tierra; para estar yo solo en el cráter y mirar a la existencia; para que mis oídos tiemblen y mis ojos brillen y mi sonrisa emerja mientras empiezo a subir de nuevo.
© 2015 Convergencias Editores. Con tecnología de Blogger.