Ignacio Méndez: [Fricción y Ficción]




Hmm, dijo el joven escritor, será un trabajo de fricción que requiere ficción. Mucha ficción en mi caso, se dijo. La tendré que frotar y torcer hasta que las palabras broten y aparezcan de su abismo. ¡Oh, perdón! En mi caso no es un abismo sino una percha en la que me sentaré y de la que luego saltaré a mi gusto, a mi gloria. 

Empezaré con un poco de poesía para ir sentándolos a todos en la mesa, para que vayan tranquilizados y más listos y propensos a seleccionar los vinos más caros. No puedo usar demasiado la poesía, es un amante de cortejo fácil pero de cercanía inmediata, que convierte a buenos mentirosos en honrados suplicantes. Oh sí, el cuento se dijo a sí mismo, ¿hmmm, noche fría adornada por el lecho caliente? ¿Día tardo con el pedazo atorado? ¿Cómo hablo del órgano sexual de mi protagonista? ¿Su Falo empuñado? ¿La verga que viene? ¿Miembro? Considerando mi historia de conquistas con el género femenino, ¿será un Miembro muy VIP? ¿Órgano? A menos que sea Bach, yo no quiero oír a nadie tocando el órgano. ¿Glande? No, no, no, ¡¡NO, NO!! Eso suena a mi nutricionista recomendando un suplemento para una dieta que ignoraré, y no al mastodonte penoso que arrancará el éxtasis de esas curvas sin explorar que quiero explotar. 

Whoops, mala mía. Estoy cayendo en primera persona cuando se supone que sea otro que cuenta mis pecados sin confesar ¿...Balano? Suena como una fruta. Además, las frutas tardan demasiado en madurar. Sería una novela y no un cuento lindo y empacado. Durará mucho con demasiado sudor. Tercera persona y no he preparado el aperitivo. Cuanta crema voy a usar para el postre en este curso culinario literario. ARRRGGHH, me odio, ¡¡me odio mucho!! ¿Abrechocho? No soy tecato ni mendigo de palabras. Quiero torcerlos, quiero machacarlos, pero esto es un canvas con dignidad. Mis vinos son los mejores y ninguna tinta será derramada en papel herético de mercado abierto a tres dólares. Me encantan las portadas de esos libros, ¡eso sí! Suficiente piel mostrada para que la carnada libere a la frustrada o al frustrado de su prisión encarnada por falta de pecados carnales. Qué muchos cristianos se quedan virgen. Triste, en especial cuando su salvador y su padre (guiño, guiño) podían trabajar la madera tan bien. Soy un idiota. No puedo dejar esta oración: los cristianos frustrados serían y lo serán, si me callo, mi mejor audiencia. ¿Qué me pasa? ¡Sé amistoso hombre! 

Ahora el diccionario, ese oráculo tan ignorado hoy en día, para buscar la palabra correcta, para la, la, la.... gloriosa reproducción femenina que conocemos como…¿como el túnel del amor? ¿Vagina? No. Ese es el nombre de la vecina y el lector lo juró y perduró en esto. Ella llora como una también. No había visto tan grande gasto de saliva desde la clase de ciencia. Tercera persona. Tercera persona. Este cuento me esta rozando mal. ¿Coño? ¿Eso es una palabra mala? ¿Por qué la maldeciría? A todos los recibe y a todos los llora cuando se van. ¿Concha?... oh, oh, Freud, váyase a la mierda. Estoy usando mi cabeza demasiado en vez de su cabeza. Un momento protagonista, necesito agua para aclarar mi mente y limpiarme. ¡Listo! Esto es horrible, mi protagonista. Mucha ficción y poca fricción en este pedido tardío. 

Honestamente esto es un cansancio para mi protagonista. Lo froto y froto y pido un deseo. Me siento cansado y sudado, pero nunca termina. Quisiera que terminara pero no con tantos finales falsos. Yo ya lo considero un ejercicio y nada más. Yo quiero un abrazo y ojos deseosos. Quiero por querer, dejo por dejar. Es un círculo en vez de una línea recta. Ya estoy mareado y aún me esperan cincuenta giros más. Quiero terminar y tú todavía no has comenzado. Pero, pero, balbuceaba el protagonista, yo quiero. La próxima vez habrá más verbos y menos anhelos y sus adjetivos correspondientes, lo prometo —le dije ya harto. Cállate, cállate por favor. Era mi historia y tú la robaste. Ladrón de palabras, ¡ni una me concediste! dijo, tú que llevas la profesión del mentiroso a tu imagen y semejanza. Tú me creaste y qué mucho veneno has escrito hoy. Hipócrita en-palabrado, quizás te amen si te callas por un momento, en vez de convertir a tanta tinta en estiramientos inútiles de tu éxtasis de enhenarnos con la tinta oscura que siempre coges. Blasfemos colmillos, ¡mátenme ya! Quizás seré el sueño de un cuervo cínico y adivino, un gato travieso o un oso de furia y no de una serpiente sin piel que pelar. Adiós. Qué vergüenza, qué vergüenza. Siento a la computadora suspirar y callarse mientras dejo presionado el botón, borrando las palabras para siempre. Algún día podré ser Protagonista. Pero no es hoy. Me duele la cabeza. No nada salió correcto. Tendré que empezar todo de nuevo. Lo siento, lo siento mucho. Lo lloraré, pero más tarde. El libro cerró y otro abrió. El narrador entonces se fue durmiendo, soñando el sueño de todo cínico: imágenes en estática (puestas en reversa chillando y arrastradas por todos lados) y gris en blanco, sin rumbo alguno. Y fue, justo cuando sintió el beso final de Morfeo, que la casería dio fruto y la presa se alertó en la noche de media luna. El arco se dobló en tensión, mientras que la boca sonrió; pero la marioneta se sumergió en las arrojadas sábanas blancas, un bocado más, antes de ser tragado y escupido a la gris mañana infernal llamada Capitulo 1.

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