Gean Carlo Villegas: [Recuento]





CERO

“En todas las ficciones, cada vez que un 
hombre se enfrenta con diversas alternativas, 
opta por una y elimina las otras…”. 
 “El Jardín de los senderos que se bifurcan”, 
Jorge Luis Borges

¿Y esto ya sucedió y es 
un recuerdo, o es algo que vendrá?”. 
“Memoria de Antar”, 
Elsa Cross

Uno no puede traer hijos a un mundo como 
éste. Uno no puede perpetuar el sufrimiento…”. 
La señora Dalloway, Virginia Woolf


UNO

A las pocas semanas le dará la noticia de que está embarazada. Le dirá que no tiene de qué preocuparse porque, a pesar de todo, será buen padre. Que no importa que él sea infértil, y mucho menos su pasado. Él le demostrará que la ama al no preguntarle cómo quedó embarazada. Intentarán ser felices para siempre:

A) pero no lo serán. 

B) y lo serán.

C) pero repetirán el pasado.

D) Todas las anteriores.

E) …

DOS

Se conocieron en una barra cerca de la universidad. Intercambiaron cigarrillos por tragos, y desde entonces estaban juntos. Sí él fumaba, ella bebía, y viceversa. Él nunca preguntó sobre su pasado y ella le devolvió el favor. A las pocas semanas, ella se mudó con él a un apartamento pequeño con vista a un “billboard” iluminado que usaban como sustituto del sol y que decía: NO USES MI NOMBRE EN VANO O EXTENDERÉ LA HORA DEL TAPÓN. 

TRES

Con el tiempo, él dejó de usar condón y ella reemplazó la píldora por vitaminas. Después de mil y una noches, ella comenzó a dudar de su capacidad de quedar embarazada. Sin que él se enterara, se hizo unos estudios y resultó que era tan fértil como la Amazonía.

CUATRO

La economía está peor que nunca. No se puede criar un niño entre los exámenes sin corregir, mis libros, los mamotretos de investigación del doctorado y las tazas de café sin fregar que están esparcidas por el apartamento. ¿En qué estoy pensando? No quiso hablar más consigo misma del asunto mientras se cepillaba los sutiles castaños filamentos cilíndricos de naturaleza córnea que le nacían y le crecían de los poros de la piel. Sentada, desdoblándose ante el espejo, tratando de reconocer la imagen que veía reflejada, por un segundo le pareció imitar a la mujer de la portada de Reunión de espejos. ¿Para qué es una relación heterosexual si no es para procrear? Si nunca voy a quedar embarazada, ¿para qué dejar que un hombre me penetre?, ¿para servirle como reemplazo de la masturbación? No me gusta. No siento ningún placer. Pero si no lo hace conmigo, lo hará con otra. Así como lo hacía mi padre… conmigo… (¿Habré apagado la cafetera?) Cuando yo no me dejaba tocar, se iba con la vecina (está apagada)… y a veces con su hija. (Mira la hora que es. Se me está haciendo tarde). Así era papá. Se iba con otra. Cuando me di cuenta, dejé de escapar. Me dejaba atrapar. (No sé qué ponerme). Nunca más se fue con la vecina. Ni con la hija que tanto odiaba porque me halaba el pelo en la escuela. Ayudé a mamá para que papi se quedara en la casa… complaciéndolo. (Me voy a poner el trajecito de flores). Un día que llegué de la escuela, él ya me estaba esperando. Mamá no había llegado. (Está manchado con café, pero nadie se va a dar cuenta, no se nota tanto). Nena, bébete este vaso de leche que te va a hacer bien. No me gusta la leche. Esta te va a gustar. Te lo prometo. (¡Mira la hora que es!). Bebí. No me gusta. Bébetelo completo y vamos a esperar… Tengo ganas de orinar. Yo sé, eso era lo que quería… Ven acá, nena, no lo hagas en el inodoro. Oríname aquí. (¿Dónde habré puesto las llaves?). Papi, fooooooo. ¡Nada de papi fooo! ¡Que me orines aquí en la boca, te digo! Papi, no. No hagas que me moleste. Tú sabes lo que papi hace cuando se molesta. No, papi, no. Orina, puñeta. (¿Las habré dejado pegadas a la puerta?). Papá se acostó. Me pidió que me acercara. Me quitó las bragas a la fuerza. Acuclíllate. Papi, no, papi, no. Ahora, oríname. No, papi, no. Oríname, puñeta. (Por Dios, si las llaves estaban en la puerta). No sé qué le cayó en la boca primero, si mi orina o mis lágrimas, pero cuando mami llegó y nos encontró en ese espectáculo (hay que lubricar las bisagras, están chirriando) ―mi padre acostado en el suelo y yo todavía vestida con el uniforme de la escuela, con la falda subida hasta la cintura, orinándole en la boca (¡qué día hermoso está haciendo!)― no tuvo que decir nada. Él se levantó del piso y, orinado y sonriente, agarró sus llaves. Yo me eché a llorar como nunca antes, mientras él, al marcharse, dejaba un rastro de orina como si fueran migajas del pan nuestro al estilo Hansel y Gretel. Mamá tiró la puerta tan duro que la sacó del marco. (¡Maldita sea!, con la luz del sol, sí que se le ven las manchas de café). Nunca volví a ver a mi padre. Mi madre nunca se recuperó, pero, sobre todas las cosas, nos tuvimos que mudar porque la casa apestaba a orines, a tristeza, a dolor y a sufrimiento. (Estoy tarde, y ahora para colmo tengo que regresar a cambiarme)…

CINCO

Para su tesis leían, como quienes leen la Biblia todas las noches, el poemario Invitación al polvo, de Manuel Ramos Otero, y sin que se dieran cuenta se formó un abismo entre los dos extremos de la cama como en El lado oscuro del corazón 2

SEIS

Mientras ella corregía los trabajos de sus estudiantes, él comenzó a masturbarse a su lado.

―¿Quieres que compre un perro? ―preguntó él mientras al eyacular llenaba la piscina de semen en su ombligo. 

Al otro extremo del abismo, ella rellenaba la frontera de algodón que los separaba con lágrimas y sollozos, repitiendo una y otra vez: yo quiero un bebé y lo quiero ahora. Yo quiero un bebé. Un bebé. Un bebé, eso es lo que quiero, un bebé, yo no quiero un perro, lo que quiero es un bebé, un bebé, un… 

Él guardó silencio. Había aprendido con el tiempo que hablar con ella en ese estado no aportaba nada. 

SIETE

Él abrió las cortinas para que la luz del cruzacalles iluminara la habitación habitada por cuerpos deshabitados de esperanza. Encendió un cigarrillo con la colilla del que acababa de fumar y, cuando ella se calmó, le dijo:

―Dicen que la historia se repite y que no podemos cambiar lo vivido, pero supuestamente tenemos la capacidad de escoger nuestro futuro… Cuando te conocí, no me preguntaste nada. Lo agradecí, y te devolví el favor porque todos deberíamos tener derecho a no divulgar… Lamento mucho decírtelo ahora, después de tanto tiempo, pero no podré darte un bebé porque soy estéril. 

―Podemos adoptar ―sugirió ella.

―No deseo tener nada que ver con eso. No podría soportar el sentimiento de culpa de criar un niño en esta sociedad. No puedo. 

―Pero yo quiero tener una familia. Yo quiero…

―Pues, es obvio que no podemos estar juntos ―le contestó tajantemente. 

―¿Por qué? 

―No quería hacerlo, pero no tendré más remedio que recontarte mi pasado, esa dolorosa historia que viví, para que finalmente entiendas por qué, aunque pudiera, no quiero tener hijos. No quiero. De verdad que no quiero. Le tengo terror a abandonarlo como me hizo mi padre, y sobre todas las cosas, me aterroriza la ínfima posibilidad de que tú le hagas al niño lo que me hizo mi madre... No puedo recordar con exactitud cuándo fue que mi padre biológico nos abandonó, porque el recuerdo de mi madre que lloraba ininterrumpidamente todas las noches lo superó, pero recuerdo que, para llenar un vacío que quedaba en su cama y en su corazón, mi madre me convirtió en un sustituto de mi padre. Dormíamos juntos. Creo que aún no había alcanzado la pubertad, en realidad no recuerdo, pero a ella no le importó. Una noche encendió la canción “White Rabbit”, y comenzó la función: ♫♪One pill makes you larger and one pill makes you small, but the ones that mother gives you don't do anything at all. ♫♪. Creo que fue una sola vez, pero como el recuerdo lo he vivido tantas veces, de verdad no sé. Me confundo. No es para menos. En mi memoria, los recuerdos singulares se hacen plurales, y viceversa. En mi cabeza, el sufrimiento no conoce de tiempos verbales y la vida real no la define ni la invalida la sintaxis. Mami cerraba o cerró con llave la casa. Se llevaba o se llevó el cuchillo de picar carne hasta su cuarto. Cerraba o cerró las ventanas y empujó la coqueta frente a la puerta para que no pudiera escapar; tal y como escapé y he escapado una y otra vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez en mis recuerdos… Esta noche cenaremos de las setas especiales que me ayudaste a recoger en la finca. Te prometo que nos ayudarán a olvidar a tu papá. ♫♪And you've just had some kind of mushroom and your mind is moving slow go ask Alice I think she'll know♫♪. Comeremos setas. Y comimos. Jugaremos al esconder. Y jugamos. Nos escondimos, y nos encontramos. Poco a poco los colores adquirieron más profundidad. Los sonidos se multiplicaron. Eco. Eco. Eco. Mi madre, cuando me encontraba, me desnudaba y me decía que ahora yo era el dueño de la casa. Casa, cacería. Ría. Ría. Escóndete por el cuarto, que es hora de regresar al lugar donde todo comenzó. De mí saliste y hacia mí regresarás. Ras. Ras. Ras. Comencé a llorar. Mi madre tenía dos cabezas. Madre bicéfala. La obscuridad cegaba por el resplandor. Me lanzó hasta la cama rellena de agua bendita. Tu padre se fue. Tu padre nos abandonó por tu culpa. Pa. Pa. Pa. Él nunca te quiso. Él nunca quiso la idea de ti. Me pidió que te abortara, pero no lo hice. Sé. Sé. Sé. Me arrepiento de no haberlo hecho. Debí abortarte. Te. Te. ¿Te? Cuando naciste, el amor que tu padre sentía por mí, murió. Él nunca te quiso. Él me dejó de querer por tu culpa. Culpa. Pa. Pa. Pa… Pero tú me querrás por los dos. Dos. Dos. Dos. ¿Verdad? Sí, mamá, sí, mamá, yo siempre te querré. Re. Re. Re. Te voy a bañar sin agua. Y me bañaba con su saliva. Me lamía. Sus labios humedecían mi piel, y mis bellos secaban su lengua. Las sábanas eran un salvavidas de algodón en un mar de incertidumbre en el que me ahogaba. La. La. Lacta como lo hacías. Y yo lactaba. Dime que me quieres. Y la quería. Dime que me amas. Y yo la amaba. Dime que es tu culpa, y que te arrepientes de haberme abandonado. Me arrepentía. Dime que es tu culpa. Y me culpaba. Es tu culpa. Y me culpaba. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Despídete. Me despedía. Escóndete dentro de mí, que a donde vamos, nadie podrá encontrarnos. Me escondí y nos despedimos. Adiós, mamá. Adiós, mi niño. Adiós. Adiós… ♫♪When logic and proportion have fallen sloppy dead, and the White Knight is talking backwards and the Red Queen's off with her head! ♫♪. Con un cuchillo de cocina se degolló, o degollé, realmente no sé, las dos cabezas a la vez. Vez. Ves. ¿Ahora ves? Doble sangre. Doble dolor. Doble sufrimiento. El cuchillo ensangrentado rompió la cama de agua bendita, y me ahogué en un mar de lágrimas del que pocos han logrado sobrevivir…

OCHO

Cuando terminó su recuento, encendió otro cigarrillo y continuó inhalando y exhalando humo mientras ella le narró, por primera vez, las similares atrocidades que vivió antes de conocerlo en aquel bar cerca de la universidad. Desde esa noche, algo más poderoso que el amor los unió. No volvieron a hablar más del asunto, como si fueran cómplices de haber asesinado el pasado.

Un día, mientras la luz del “billboard” simulaba un atardecer en blanco y negro, abrazándolo, le confesó que estaba embarazada y que él no tenía de qué preocuparse. Que todo estaría bien. 

Serás buen padre, le dijo. 

Él le demostró que verdaderamente la amaba al no preguntarle cómo quedó embarazada. 

Se quedaron compartiendo el silencio y mirando por la ventana, a la vez que el profético mensaje del dios apócrifo, escrito en el cruza calle iluminado, los cegaba de esperanza y parecía resplandecer más, mucho más, que la esfera que dominaba la bóveda celeste, ese espejo de luz que los habitantes de esa ciudad llamaban luna.

NUEVE

Después de hacer este recuento, ¿qué piensas que pasó con ellos después de la noticia del embarazo?

Intentaron ser felices:

A) pero no lo fueron. 

B) y lo fueron.

C) pero repitieron la historia.

D) …

E) Todas las anteriores.

F) Ninguna de las anteriores.

G) FIN. 
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