Ignacio Méndez: [Diana]


Mural de Río Piedras


Camino por el tercer piso de Humanidades cuando la veo. Ella monta un carruaje sin caballos. Sentada avanza a un paso que no se mide en millas sino en miradas. Unas a la izquierda, otras a la derecha, un solo pasillo, una sola dirección, con cada curva medida y calculada antes de tomarse. La maquina le es fiel en eso al menos. Arrancada de ahí, ¿cómo sería ella? Parece ahora mismo la misma imagen de tranquilidad y paz, pero muchas personas han alcanzado la paz y la serenidad sentándose en una roca y mirando las nubes. ¿Qué sería ella con piernas? ¿Sería diferente? ¿Correría a sus clases? ¿Se la pasaría por el teatro con los elfos verdes de humanidades? ¿Amarraría a su amante con sus piernas mientras lo monta en plena cumbre? Siempre he notado una nota de furia en ella cuando cree que nadie la ve. La furia es como la jalea: de solo olerla, ya sabes cómo sabe. Es una mirada severa llena del carbón negro llamado frustración. Su mente debe ser como un órgano, una sinfonía en soledad que retumba en viejas y sangrientas teclas. Quisiera hablar con ella. Se ve poseída de una extraña dulzura etérea que es como la miel: de solo verla ya sé como sabe. Pero no sé. ¿Estaría haciendo esto porque me interesa ella o porque la estoy considerando una atracción curiosa? Todos siempre la identifican por la máquina primero. Un amigo mío, incluso, hacía chistes sobre ello. "Ella es Linda, cobarde”. "No es la carrocería, es la aceleración". Quizás tenga razón. La contemplo una vez más mientras nos acercamos. Se ve tan callada y me mira, pero sus ojos ya pasaron de los míos hasta su próxima milla lenta. Al final, yo retrocedo y ella avanza y ninguno de los dos va más rápido por ello.
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