Guillermo Dávila: [Esta soledad fría y burda]



Esta soledad fría y burda Madre de este árido desconsuelo
parece evadir nuestras más sinceras tempestades
Queda como estampada en nuestra carne
Esta piel tuya y mía Porque aunque en la ciénaga de tu compañía
No existen meridianos Me diste de beber y te tuve entre mis brazos
Querrás algún día volver y encontrar tu olor entre mis ropas
Descubrir lo que en aquel entonces entregaste al olvido
Y desearás no haber sabido ni mi edad ni mis nombres
Que en esta soledad fría y muda
Me entretengo con el placer y el consuelo
De que no te debo un beso
Ni mi tiempo, ni mis ganas
Por eso sueño, como atestiguaría el cielo
Con un segundo de silencio profundo
Para deshacerme de las ganas
De compartir mis tristezas
De dejar de ser solo uno
Así, podría disfrutar del sol mientras arde
De mis memorias de tu cuerpo insaciable
Del tabaco cuando se acaba Y del mar cuando salpica
Que no hay sal que sane las heridas
Que dejaste abiertas en este cuerpo
Este cuerpo tuyo y mío


Este cuerpo solo, desnudo y sin caricias

El que con tus besos amargos se entregó contigo
El que de una vez y por todas dejó de oler a ti
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