A: [I]



I.                

(Paráfrasis de un verso aleatorio no identificado de José Hierro, poeta que a penas conozco)

Para ti no quiero el peso indisoluble de mi pasado, el ansia estrecha de amar antes de ti:
no quiero la sombra que arroja esa luz turbia, que muy a mi pesar me persigue, pero entiéndelo: la noche está estrellada, pero tú brillas más o mejor, certera, más cerca, en exclusión de toda luz.
No quiero que padezcas la soledad acompañada de tantas y vanas nostalgias hasta haberte;
no, que no perturbe el sosiego de tu risa azul el gris supeditado y trascendido, ese impertinente y necesario natimuerto que, por puras convenciones, llamo y nombro mi pasado.
Sépase: que eres todo presente, y todos mis discursos del pasado no son más que una inédita razón más para entregarme incólume al hacer de este quererte, de este atentar contra el silencio esgrimiendo este artificio, vano por demás, de decirte: aunque le rehúyas al verbo preciso, a la contención de la palabra constante, siempre dicha; sépase también: cuánto vale la alegría eterna y mayúscula, profunda y visceral de nombrarte: de ir y volver re-creándote la geografía: queriendo ver tus labios donde el mar, tus piernas caer donde la lluvia anuda y anida, tus caricias donde la traslación, la mágica e inescrutable maquinación del universo, mueve los cuerpos.

No, jamás ha de hacerte suyo mi pasado. Para ti: el confín impreciso de mis días, el ahora, este aquí, sólo éste, que dura y perdura: que se obstina en su incandescencia, que consume. La inmanencia.


Para ti, amor, esta mismidad, nunca igual, que haces sin saberla.
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